jueves, 27 de agosto de 2015

Interrelación

Joaquín Benito Vallejo

Como diría Maturana todo se construye en la interrelación con el entorno. In-te-rre-la-ción. Nos hacemos en relación con los demás. Los genes se hacen en la interrelación del ser vivo con su ambiente. No es primero una cosa y después la otra. Los genes no son entidades rígidas inmutables, se transforman, activan o inhiben en la interrelación con el entorno.


El 1º organismo vivo que nace, lo hace ya en un medioambiente determinado. Si hay que dar prioridad a las cosas, el medio ecológico –aunque sea escaso y pobre- está antes que el ser  vivo. La tierra está antes que el ser vivo. Aunque la tierra después es modificada por los seres vivos, como dice Lovelock, -precisamente por la interrelación-, somos causa y efecto unos de otros. Una característica principal, si no esencial, del ser vivo es que su vida consiste en adaptarse a las características del entorno. Y es en esa adaptación donde se hace a sí mismo.


El primer ser vivo -se dice- nació en el agua. Desde ese ambiente acuático ha ido poblando otros ambientes, la tierra y el aire. Poblar o “conquistar”,  significa no someter el ambiente a sus deseos sino al contrario, adaptarse a él. ¿Cómo se adapta? Generando recursos para vivir en él según sus condicionantes.


La ley de la gravedad, por ejemplo, -esa fuerza que desde el centro de la tierra tira de nosotros hacia abajo, obligándonos a estar pegados a ella es una circunstancia a la que el ser vivo ha de adaptarse. Él no cambia la ley de la gravedad,  no modifica esa fuerza que tira de él y lo arrastra en esa dirección. No la modifica. Desarrolla recursos para adaptase a ella, para poder vivir con ella, moverse con ella… y esos recursos se han ido desarrollando durante millones de millones de años hasta llegar a nosotros y conseguir que el ser humano camine a dos patas.


Otros recursos han sido vivir en el aire –relativamente- volar, y para otras especies, vivir dentro del agua.


La bacteria, por ejemplo, es la especie qué más recursos ha generado para adaptarse  a todo tipo de ambientes. Es capaz de vivir a 200 grados bajo cero o a 200 sobre cero en la boca de los volcanes. O para vivir en una completa oscuridad. Tiene la capacidad de transformarse en segundos en otro ser distinto.


Todos las capacidades victoriosas desarrolladas han generado a su vez la capacidad de perpetuarse –heredarse a través de un sistema que llamamos genético, genes donde están inscritas ya las características con las que nacerán los próximos seres vivos-. Hasta el gen se genera en el ambiente podríamos decir. Así se ha ido desarrollando un árbol genealógico, en el que en su tronco estamos marcados todos los seres vivos.


Vuelvo atrás con Maturana.  Nuestra vida, lo que es cada ser humano se genera y desarrolla en la interrelación con el entorno.  Cuando se dice, por ejemplo, que la depresión es causa de una falta de litio en el cerebro, nos olvidamos de la interrelación. ¿La falta de litio es la causa o por el contrario, es el efecto? Los neurotransmisores se activan mediante la actividad corporal en y con el entorno. Si la actividad dejara de darse los neurotransmisores se esfumarían.


El ser se desarrolla con el entorno. ¿Qué es lo más importante de nuestro entorno? Las personas que nos rodean. Lo que nos dan, lo que nos  provocan, lo que nos estimulan…, lo que nos quitan. ¿Qué es lo que nos hace? La interrelación. Lo que hacemos en común con los demás. Si la interrelación nos falla, nuestro Yo también sufre fallos. Puede sentirse y estar quebrado, puede mostrar heridas. La depresión puede significar, la pérdida de contacto con el entorno, y por ello, el deseo de no vivir. La pérdida de relaciones, y con ello, la pérdida de sí mismo. Está pérdida causa estragos en el propio cuerpo, y en el cerebro. Le consume la energía. Le agota. Le quiebra la neurotransmisión.


Si el Yo es fuerte, y tiene recursos, o si le ofrecen ayuda, la pérdida puede superarse. Y se puede volver a construir una interrelación satisfactoria. Es la resiliencia, la capacidad para recuperarse.


Y volviendo de nuevo a Maturana, lo más importante de la interrelación es el afecto, el amor. En el amor se fragua el Yo. Y cuando el amor falla, se derrumba el yo. Aparece la depresión. No nos deprimimos por falta de litio, nos deprimimos por la pérdida del amor. La pérdida de la ilusión de vivir.