lunes, 23 de febrero de 2015

LOS NIÑOS - Khalil Gibrán


 GIBRÁN KHALIL GIBRÁN  - EL PROFETA




Los niños
Y una mujer que sostenía un niño contra su seno pidió: Háblanos de los niños.
Y él dijo:
Vuestros hijos no son hijos vuestros.
Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.
Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.
El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana. Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue. Porque, así como El ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es estable
 

domingo, 22 de febrero de 2015

Educar para ser



 
Hay que educar para vivir, no para trabajar.
Hay que educar en el presente no para el futuro.
Hay que educar para ser no para tener.

 El principal aspecto que debe desarrollar la educación es posibilitar ser uno mismo. Pero lo que cada uno es, no viene dado de antemano por los genes, tiene que construirlo uno mismo progresivamente mediante su experiencia y su aprendizaje.

Educar para SER implica desarrollar todas las potencialidades corporales, sensoriales, cognitivas, emocionales, expresivas, creativas, comunicativas..., para así poder conocer aquellos aspectos con los que uno se siente más identificado y realizado según sus destrezas y capacidades.

La primera base, raíz y cimiento del SER, es el propio cuerpo. Como capacidad física y también como capacidad de sentir, de percibir, de experimentar, de ser consciente, de comunicarse con los demás. A través del desarrollo de estas capacidades, va creciendo y madurando la identidad personal, el psiquismo y la participación social.

El primer objeto de afinación, de experimentación y de conocimiento es el propio cuerpo, lo que conduce al conocimiento de sí mismo, que significa conocerse corporal, psicológica y socialmente.

Pero, el cuerpo no se afina sino relacionándose con los demás y actuando sobre el entorno que nos rodea.

Luego, paralelo al primer objetivo de conocimiento: el cuerpo, va apareciendo el conocimiento de la realidad exterior. No se puede conocer la realidad del entorno sin conocer la realidad del propio cuerpo, no se puede sentir ni comprender a los demás sin sentirse a sí mismo. Cuerpo – yo – individuo - / realidad externa – sociedad, se retroalimentan mutuamente.

El cuerpo es un microcosmos y una microsociedad. Hay que entender y tratar al cuerpo y al movimiento, como una totalidad en la que se fusiona lo universal y natural con lo particular y social.

La unidad cuerpo-mente-comunicación debe ser cultivada de un modo íntegro.

El cuerpo no es nunca un elemento exclusivamente material. No es una masa de carne sin más. Es carne con afectos, con sentimientos, con proyectos, con deseos, con sueños, con ilusiones, y también con frustraciones.

Todo está impreso en el cuerpo. La estructura corporal refleja cómo se es psíquica y socialmente. El cuerpo es la materia donde se imprime lo psicológico y el modo de relacionarnos con los demás.

Es una materia plástica que se moldea constantemente por las actuaciones mentales y sociales.

El cuerpo físico necesita para su supervivencia el afecto de los demás, en mayor grado que la alimentación. Sin la relación con los demás no puede vivir. El aislamiento y la incomunicación es la enfermedad más grave que nuestro cuerpo puede sufrir. Mata los afectos, las ilusiones, conduce a la demencia y a la muerte orgánica.

Hasta hace relativamente poco tiempo, esta concepción integral del cuerpo, del movimiento y de la persona, no era tenida en cuenta y, por tanto, no se desarrollaban prácticas educativas globales que abarcasen todos estos aspectos. Actualmente existen muchas técnicas corporales que se plantean potenciar los aspectos psíquicos y la comunicación, pero siguen siendo minoritarias.

 
Nuestro método corporal pretende integrar los aspectos físicos, los psíquicos y aquellos otros relativos a la comunicación.

Potenciar la salud corporal, despertar la sensibilidad, ser más autónomos a la vez que más abiertos y disponibles para los demás, desarrollar la propia investigación y la creatividad.
 

sábado, 7 de febrero de 2015

LA REPRESIÓN DEL MOVIMIENTO


LA REPRESIÓN DEL MOVIMIENTO
Joaquín  Benito Vallejo
(Extracto de Cuerpo, Mente Comunicación...)
 


El movimiento es una capacidad innata que en cuanto se pone en marcha y se desarrolla, potencia las capacidades sensoriales, perceptivas, cognitivas, expresivas, afectivas y comunicativas.

A la vez, se afina así mismo haciéndose progresivamente más rico, amplio, preciso, coordinado,  armónico, equilibrado. Y paralelamente también, se da el desarrollo del organismo, del sistema nervioso y del cerebro, dando lugar a la emergencia del psiquismo.

El movimiento forma parte del reflejo de orientación más primitivo de donde nace el deseo de investigación y descubrimiento del entorno. -Esta exploración es siempre juego espontáneo y natural-. Es por tanto placentero, su desarrollo libera hormonas causantes de placer y debe ser así para incitar al movimiento a estar activo, porque es imprescindible para vivir plenamente.

El movimiento libre y espontaneo o encaminado hacia un fin creativo es liberador y realizador, primero, en cuanto supone una descarga de las tensiones internas sobrantes, dejando la energía justa para dedicarla a tareas que exigen una mayor concentración como los trabajos intelectuales y, segundo, porque a través de él se está investigando, creando, descubriendo el entorno, conociendo y valorizándose a sí mismo, -el movimiento es siempre acto, acción de empoderamiento, acto de poder del propio cuerpo, del propio YO- autorrealización.  Aporta por tanto cognitividad y afectividad. Aunque el movimiento sea espontáneo y no esté dirigido en principio hacia ningún objetivo determinado, sino realizado por el mero placer de moverse, juego espontáneo- como ocurre en los niños, el movimiento es el utensilio mediante el cual se explora el medio, a través del cual se aprende el dominio y el conocimiento del espacio exterior y del propio cuerpo.

Este dominio del entorno supone el aprendizaje práctico de las nociones espacio temporales: los planos, las direcciones, las trayectorias, las distancias, las intensidades, que a su vez son la base del aprendizaje intelectual matemático, físico, lingüístico, etc. En esa tarea exploradora y “embriagadora” se producen además otros requisitos, como la fijación de la atención, la concentración, la percepción, la selección de estímulos, la dedicación, el encauzamiento de la voluntad, la disciplina, el tesón, la forja creativa del hombre, basada en sus intereses placenteros, en su propia investigación , experimentación y descubrimiento.

Todo esto conlleva otro tipo de realización más encaminada al ámbito afectivo, el placer de conseguir las cosas con el propio esfuerzo, la autonomía, la autoorganización que conduce a la realización de la persona, a la autoestima

La carencia de movimiento, -bien sea por carencia de estímulos o por represión-, sobre todo en la infancia cuando esa fuerza impulsiva es más vital y necesaria, cuando brota como un manantial incontenible, supone no sólo una frustración y el consiguiente displacer, sino la des-realización y la castración puesto que merma el desarrollo de todas las capacidades humanas descritas anteriormente.

La represión es un medio utilizado socialmente, familiarmente, políticamente,  para actuar contra el psiquismo -contra la persona, contra el ser- a través del cuerpo. La prohibición a causa de la norma o del castigo de no hacer esto ni lo otro, de no tocar, etc., supone una lucha tremenda contra esa fuerza vital y necesaria de moverse. Con la represión de los instintos y de las pulsiones vitales se reprime la propia posibilidad de sentir y experimentar. La fuerza vital que debería ser dirigida al exterior para liberarse, construirse a sí mismo y conocer el mundo, debe dirigirse mediante la coacción física o psíquica, contra sí mismo, actuando como un muro de contención que pretende taponar el abrupto manantial de la vida, la necesidad de hacer, ser y conocer. La fuerza ha de ser contenida, se han de atar los músculos, hacer del cuerpo una muralla rígida no tanto para defenderse de los posibles enemigos externos sino para impedir el ansia de salir a conquistar el mundo, dejando atrapados entre sus nudos, escondidas, olvidadas, cercenadas, las necesidades más hondas junto con los deseos y los sueños.

Cuerpo y mente quedan bloqueados en esa lucha imposible para quedar reducidos después, a peleles o a rígidas estatuas de cemento. Atando los músculos se intenta matar la necesidad, -la pulsión vital- y se logra la mayoría de las veces, no hay más que ver el mundo y los hombres-, pero a veces ésta solo queda escondida y en cualquier momento puede llegar a despertarse nuevamente, aunque su lucha para abrirse paso será muy dura y posiblemente no se consiga nunca del todo.


Mientras tanto, -o quizá para siempre- el cuerpo queda amorfo, resignado, inexpresivo, frustrado, triste. Ha sido domado, castrado, insensibilizado y convertido en un obediente esclavo.
 

lunes, 2 de febrero de 2015

La motivación para vivir nos la dan los demás.


La motivación para vivir nos la dan los demás.
Joaquín Benito Vallejo

                La principal motivación para vivir reside en la relación con los demás. Son ellos los que nos enseñan a vivir y a ser. Aprendemos a ser y a construir nuestra identidad en inter-relación. Los demás son nuestro estímulo y nuestro modelo. Y es en contra de ese modelo o buscando otros modelos más satisfactorios como crece la identidad personal. Los demás nos dan sus afectos y su cuidado, cuando al nacer somos incapaces de hacerlo. Todo lo que hacemos es hecho para, por y con los demás. Para obtener su afecto o su valoración, para llamar su atención, para demostrarles que estamos vivos y presentes. Lo peor es la indiferencia. Ser indiferente para los demás es no existir, por ello es mejor existir valorándonos mal que no existir. Aquellos que se han sentido profundamente indiferentes para los demás, hacen cualquier cosa para demostrar su presencia y su existencia, desde ser dadivosos en extremo, resultar atosigantes o invasores, hasta cometer fechorías, trastadas, delitos, etc. Lo importante es ser tenido en cuenta por los demás. Muchos niños problemáticos, lo son por esta razón y pueden llegar a ser delincuentes de mayores.