miércoles, 2 de abril de 2014

LA MALA UTILIZACIÓN DEL CUERPO Y DE LA MENTE.


LA MALA UTILIZACIÓN DEL CUERPO Y DE LA MENTE.
Joaquín Benito Vallejo "Cuerpo, mente, comunicación"

              Gran parte de los trastornos degenerativos tanto físicos como mentales achacados generalmente a la vejez, no son consecuencia directa de la edad, sino, el producto de una serie de factores que podemos encuadrar dentro de una mala utilización del cuerpo (y de la mente).
          El deterioro físico, ya se refiera a un deficiente funcionamiento de los órganos, así como a la artrosis,  las desviaciones de columna, la osteoporosis,  la rigidez de las articulaciones y un largo etcétera, vienen determinadas en su mayoría, primero, por la falta de uso: sedentarismo, escasez de movimientos, rutina; segundo, el mal uso: posturas y movimientos incorrectos; y tercero: el abuso o el maltrato del cuerpo: esfuerzos sobrehumanos, largas jornadas de trabajo sin descanso, que con diferentes variables, grados y matices, según clase social, posibilidades económicas, estilo de vida, educación, cultura, entorno rural o urbano en el que se vive, profesión, etc., afecta  a un alto porcentaje de personas.
          Este mismo esquema puede aplicarse al deterioro mental, achacado vulgarmente a la vejez, la pérdida de las capacidades cognitivas: coordinación, asociación, memoria, análisis, deducción, estructuración espacial y temporal, orden, pensamiento, etc., se debe  a su nula, escasa o mala utilización, entendida ésta última como una actividad mental caótica o mezquina, con disturbios emocionales, preocupaciones innecesarias, o ansias de poder y de control, causantes todas ellas de deterioro psíquico o de accidentes cerebro-vasculares, como se ha demostrado ampliamente mediante la medicina psicosomática.
          En cuanto a la pérdida de la comunicación, su causa puede venir provocada tanto por el deterioro de las capacidades mentales como por las físicas, las cuales  restringen la comunicación. O, a la inversa, el hecho de aislarse, dejar de relacionarse y comunicarse con los demás, provoca su propio deterioro además de, incidir también en el deterioro de las capacidades físicas y mentales.
          El envejecimiento debe entenderse como un proceso vital en el que interfieren multitud de circunstancias ligadas con la forma de ser, el estilo de vida, los acontecimientos a que nos vemos sometidos, las exigencias sociales, las motivaciones..., además de nuestra condición genética.
          De todo ello queremos destacar que el estilo de vida es uno de los factores más determinantes del envejecimiento. La forma de vivir viene determinada a su vez por la economía, la cultura, la educación, el medio donde se vive, la profesión, las condiciones laborales, etc., determinantes que se han ido conformando desde la infancia, interviniendo también, en cierta medida, la casualidad. Cada persona va encontrando su propio estilo de vida no por una decisión premeditada, sino por  las condiciones de vida enumeradas, determinantes de las experiencias y posibilidades, combinadas con otro poco de suerte. A las instituciones políticas y sociales hemos de exigirles crear las condiciones  más propicias para potenciar el modo de vida óptimo en todas las personas.
          En este estilo de vida,  en el libro: Cuerpo, mente, comunicación, me centro exclusivamente en los hábitos de movimiento adquiridos, y como extensión de ello, en los hábitos mentales. En otras palabras, en la actividad física y mental que se desarrolla a lo largo de la vida. Es fundamentalmente, la cantidad y sobre todo la calidad y la complejidad de esa actividad, la determinante de la calidad del envejecimiento físico y mental.