viernes, 7 de noviembre de 2014

La agresividad


 
Agresividad
Joaquín Benito Vallejo

Se dice que la agresividad es innata en el hombre. La agresividad a su vez es considerada una pulsión mala, a la que hay que controlar.

 Yo creo que la agresividad forma parte del tono o de la energía del ser viviente. Hay una  fuerza innata generada por la vida y generadora de vida. La fuerza o la energía con la que el ser vivo lucha en la naturaleza, en su medio ambiente, por buscarse la vida en él. Por ser él. Esta energía le conduce a observar e investigar el medio para apropiarse del alimento necesario para vivir. Esa investigación del medio le posibilita conocer y dominar ese ambiente, mejor dicho, adaptarse a él.

Observación, búsqueda, apropiación, dominio, conocimiento, acción, adaptación, van unidas, ligadas a la propia vida, propiciadas por la vida, para poder vivir.
En esa apropiación del medio ambiente, el ser vivo se encontrará con conflictos, trabas, obstáculos que habrá que salvar, se encontrará con otros seres vivos que en la búsqueda también de su propia supervivencia,  a la vez despliega su energía y que quizá sea antagónica y haya que enfrentarse a ella. Ese ser vivo a su vez, puede ser de otra especie, pero también puede ser de la misma.

Con su misma especie se ha generado un consenso, con los de otra especie no, o quizá en cierta forma también.

Todo forma parte de la vida en su proceso. Se generan acuerdos de supervivencia. Con la misma especie es más lógico, está más ligado a la propia supervivencia. El individuo depende de su especie. Es entre toda la especie que se generan comportamientos propios. Acuerdos y relaciones propias. Aunque también siempre existe una propia e individual supervivencia. Y por ello un enfrentamiento con los demás si llega el caso. La agresividad forma parte de esa fuerza, de ese impulso vital de búsqueda de vida y de defensa si llega el caso de sentirse a su vez agredido.

En la especie humana especialmente, se ha desarrollado la opresión y la explotación de unos por otros. Los dominadores se han justificado, a la vez que defendido, con ideologías, religiones, morales, leyes, educaciones, cárceles, manicomios, para convertir a los dominados en esclavos, fundamentalmente impidiéndoles ser humanos, ser ellos mismos, para lo cual les cortan su energía vital, les reprimen y castigan.

Si un ser que es impedido SER por otra fuerza, no se defiende, es que ha perdido su capacidad de SER. Si un esclavo no lucha por ser libre es que ha perdido la capacidad de SER libre, o simplemente de SER.

No existe agresividad por otra parte sin su contrario, al que podríamos denominar afecto, paz, tranquilidad…?  A la lucha por la supervivencia siempre le sigue la calma de lo conseguido.  La calma y la agresión son los extremos de una misma línea. Son las dos caras de la misma moneda. No existe la una sin la otra. Las 2 caras forman parte de la misma energía vital. Unas veces se manifiesta una, otras veces otra. Según corresponda. Es lógico que exista una fuerza por vivir y que exista la calma, la tranquilidad, el afecto. No es lógico que un ser vivo se someta o acepte una opresión, una explotación.

Esa energía vital se va modelando y puliendo con la vida.
En el proceso viviente de conocimiento y apropiación del medio ambiente próximo aparecen peligros. Esos peligros generan a su vez mecanismos de defensa. El mecanismo de defensa más arcaico y primordial es el miedo. El miedo es una emoción, una conmoción que afecta a todo el ser vivo íntegro. Es una transformación del organismo vivo para enfrentarse al peligro. Ante el miedo, el ser vivo ha de reaccionar para salvarse. Depende de seres, de circunstancias, de historias y procesos, la reacción puede ser de lucha o de huida, o de quedarse quieto, lo cual puede ser una estrategia para pasar desapercibido, o una incapacidad para luchar y para huir. Luego el miedo es una reacción ante un peligro –real o imaginario- ante el que hay que defenderse, luchando o, si se percibe que no tiene posibilidad, huyendo o escondiéndose. En cualquier caso se produce una excitación. A la ausencia de peligro se produce el placer y la calma. El placer y la calma son antagónicos del miedo y de la agresión.

El ser humano puede cometer, comete, los actos más malvados de la naturaleza. Esos actos están ligados a su agresividad.  Ahora bien, la agresividad, tiene su procedencia en diversas causas, se genera, y se cultiva de diversas formas.

Ante un hecho malvado de un ser humano no se puede exclamar ¡el ser humano es lo peor que hay! Eso es una generalización. Todos los seres humanos no han cometido esa maldad. Frente a esos seres malvados hay otros derrochando bondad. La misma persona que proclama que el ser humano es malvado, queda excluida de esa maldad ya que al denunciarlo se salva. Pero tampoco es justo que meta a todos los seres humanos en el mismo saco.

Yo creo, estoy convencido de ello, que el ser humano en general es “bueno por naturaleza”. Pero hay algo y alguien en su vida que le ha hecho malo. Con esto no quiero justificar ni perdonar al que se comporta de una manera malvada.

Considero que el ser humano viene dotado al nacer de una energía vital con la que fundamentalmente ha de hacerse a sí mismo. Se hace desarrollando sus capacidades en el medio entorno y en igualitaria relación con los demás. La educación ha de propiciarle ese desarrollo integral de su ser.  Si por el contrario, la educación se convierte en un adiestramiento, -lo que por otra parte es general-, donde al niño se le inhibe, reprime, castiga, culpabiliza, adoctrina, engaña, seduce, coartándole los impulsos vitales de explorar el medio y desarrollar sus capacidades, al niño se le convierte en un ser frustrado, desrealizado, alienado, castrado en su más íntimo y profundo ser. La energía que debía ser liberada en la exploración del medio, en su relación con los demás y en la realización del propio ser, queda de esa manera enquistada, reprimida, y se proyectará en actos violentos contra otros o contra sí mismo. Esa es la agresividad, y su causa general, la frustración.

 Si a esto se añade el adoctrinamiento, que suele ir muy ligado, es decir, la ideologización de la vida, la pertenencia a un clan, -pertenecer a una patria, una religión, etc.-, es suplir la no pertenencia real a sí mismo. Al no ser uno mismo se necesita ser de una raza,  una religión, adorar una autoridad, para sentirse alguien.
Entonces esa agresividad reprimida en su realización vital es canalizada hacia los otros que no pertenezcan a su clan, raza, ideología o religión.

Así se forman los patriotas, los talibanes, los sectarios, los esclavos de las normas, religiones e ideologías, los que ensalzan a quienes les explotan, los que admiran al jefe, los que votan al gobierno que les ha llevado a la ruina.