sábado, 26 de abril de 2014

Las sensaciones, alimento básico del cerebro.



La función sensorial.
          
La función sensorial corresponde a los sentidos: órganos capacitados para captar las cualidades tanto del propio cuerpo como del medio exterior, cada uno dentro de su especialidad.  En el proceso sensorial se desencadenan diversas funciones y ponen en marcha variadas estructuras corporales. 
Primero, el sentido que capta las señales del exterior o del propio cuerpo. 
Segundo, los nervios que transmiten la información sensorial hasta la médula espinal y el cerebro. 
En tercer lugar las neuronas cerebrales que reciben la información. 
Por último, la transmisión de las informaciones a las células de la corteza cerebral donde se contrasta la información, se clasifica y organiza. 
Y desde aquí se vuelve a establecer otro camino hacia fuera similar al que se hizo anteriormente hacia dentro, enviando ahora las órdenes hacia las extremidades corporales  para que los proyectos o deseos de la corteza cerebral se cumplan, actuando sobre el entorno que nos rodea o sobre el propio cuerpo. 
El cerebro, en primer lugar aprende por el cuerpo y en segundo lugar, el cuerpo se perfecciona mediante el cerebro. 
A través del cuerpo, el cerebro conoce la realidad corporal y ambiental; mediante el cerebro, el cuerpo modifica su realidad y la del ambiente. Es una interacción continua.

          Para que todo este proceso sensorial se desarrolle sin fallos, primero ha de haber un organismo vivo que se mueva y actúe en un medio ambiente con estímulos, excitaciones, atracciones y obstáculos a veces, para alcanzarlas. Si el medio carece de estímulos o es deficitario respecto a algún campo sensorial, el órgano u órganos encargados de recibir esos estímulos se atrofiarán o, no se desarrollarán convenientemente, ocurriendo lo mismo con las neuronas cerebrales que deberían recibir, procesar y utilizar esas informaciones sensoriales. Puede ocurrir también que el órgano receptor tenga alguna deficiencia y no pueda captar las sensaciones por lo que al cerebro no llegará ninguna información y las neuronas preparadas para ello tampoco se desarrollarán. Puede ocurrir, de igual modo, que el fallo lo tenga el sistema nervioso  encargado de llevar el mensaje hasta el cerebro, puede, por último ocurrir, que la deficiencia esté en el mismo cerebro. En cualquiera de estos casos las neuronas no tendrán la posibilidad de desarrollarse.

          Aunque no haya  ninguna deficiencia en ningún eslabón de la cadena sensorial, hemos de activar continuamente la entrada de sensaciones  y cada vez de una manera más variada y compleja, para que las neuronas no dejen nunca de seguir desarrollándose.  

          Los alimentos materiales que precisa la neurona son muy elementales –oxigeno y glucosa en cantidades ínfimas-, que proporcionan la energía básica para el funcionamiento celular, pero es muy exigente en cuanto a la cantidad y la calidad de las sensaciones que quiere, cada vez más y más  variadas y complejas.

Funcionamiento de las neuronas.

          Podemos comparar la neurona con un árbol. Consta de un tronco del cual crecen ramas y brotes. De manera similar a como el movimiento hace crecer los músculos y los huesos fijando el calcio en ellos, por lo que el movimiento es más importante para el desarrollo equilibrado del cuerpo, que el hecho de tomar dosis extras de calcio para que no aparezca una osteoporosis, las ramas y los brotes que crecen del tronco neuronal, conductos por donde se transmite la información a otras neuronas, crecen en la medida en que las sensaciones  entran y salen por ellas. Las ramas neuronales que reciben la información se llaman dendritas, las que la envían axones y los brotes son las sinapsis, puntos donde se establece la conexión. Sin embargo, no existe ninguna unión directa entre las dendritas receptoras y el axón emisor. La conexión se verifica en un espacio líquido que contiene sustancias químicas. Estas sustancias se llaman neurotransmisores y están formados por aminoácidos y proteínas. 
Cuando la actividad sensorial es escasa las ramas y los brotes nuronales son pobres y los neurotransmisores se “desperdician”. Por el contrario, las ramas se harán largas, fuertes, densas y espesas, -algunas pueden llegar a medir hasta varios metros-, e irán formando un frondoso y laberíntico bosque, entrelazándose unas con otras, aumentando también los neurotransmisores,  si la información sensorial no deja de pasar por ellas y cada vez es más rica y compleja a lo largo de toda la vida.

          Pero en la medida en que dejemos de potenciar nuevas sensaciones, que dejemos de aprender y que hagamos una vida rutinaria y monótona, donde todo es igual, las ramas dendríticas y axónicas, e  incluso el tronco neuronal se irán secando, de ese modo, donde debería haber un frondoso bosque va apareciendo cada vez más un desierto despoblado, el cerebro se queda hueco como una esponja.


En resumen.

          Recapitulemos. Por un lado, las sensaciones constituyen el alimento básico de las células del cerebro, las neuronas. 
Por otro, las sensaciones son informaciones, datos, contenidos, conocimientos con los que se va llenando nuestra mente. 
La estimulación sensorial y perceptiva produce modificaciones físicas y mentales. 
El primero es un componente físico, material, acompañado de corrientes eléctricas y descargas químicas mediante las cuales se activan y desarrollan las neuronas, modificándose su estructura anatómica, creciendo ramificaciones, originándose  conexiones sinápticas, activándose los neurotransmisores y en la que se ve involucrado el sistema nervioso junto con los sentidos y la motricidad, cuyo umbral de sensibilidad y la capacidad de captar y trasmitir las sensaciones va agudizándose.  
El segundo supone un componente mental, inmaterial pero que puede medirse y comprobarse por lo que produce y crea cultural y socialmente. 

Cuántas más variadas y ricas sean las sensaciones con las que estimulamos a nuestro cuerpo, más engranajes y circuitos se crean entre las neuronas, mas facilidad de conexiones se establece y más capacidad mental se adquiere, más datos se tienen para conocer la realidad y operar sobre ella. 

La segunda modificación alcanza a las estructuras del pensamiento y de la consciencia. 
Las neuronas son muy exigentes necesitando continuamente nuevas sensaciones, más refinadas y más complejas. Las sensaciones arcaicas y rutinarias no generan ninguna nueva ramificación.  
Toda actividad física o sensorial, correspondiente a los sentidos, activa las neuronas. Cuántos más sentidos se pongan en actividad, cuánto más interés pongamos en captar las sensaciones de nuestro cuerpo y del medio que nos rodea, cuántos mas capacidades estén implicadas más se activan las neuronas y la información.

          Hay dos tipos de estimulación sensorial, una pasiva y otra activa. 
La primera la recibimos sin querer, sin poner ningún interés por nuestra parte, simplemente por estar vivos en un ambiente con distintos estímulos, sean naturales o culturales o simplemente por  movernos sin ningún objetivo determinado. 
La segunda es una estimulación querida, buscada, por la que el sujeto se preocupa y lucha por conseguirla, estableciéndose un diálogo con el medio, haciéndose preguntas del porqué de las cosas, intentando mejorarlas. 
Las informaciones pasivas se alojan en el área alfa del cerebro, mientras que las activas llegan al área beta de la corteza cerebral. 
El área beta es el  área del cerebro especializada en la comunicación, el análisis y el proceso lógico, base de habilidades, acciones conscientes, intencionadas y libres,... con un máximo de posibilidades para el establecimiento de conexiones o sinápsis entre las neuronas. ...Cualquier información buscada y no meramente recibida (receptiva) aumenta la frecuencia de las ondas rápidas (ondas beta), reduciendo al mismo tiempo, la actividad de las ondas alfa, que son las lentas, pasivas, de las imágenes oníricas” (Gimeno y otros , pag. 13 - La educación de los sentidos. Editorial Santillana. Madrid 1986).

          Ese es el tipo de activación neuronal que nosotros perseguimos poniendo en marcha el proceso sensorial  que comienza con la concentración y busca la observación, la percepción y la consciencia corporal, con la consecución de la relajación y la mejora de la unidad: cuerpo, mente, comunicación.

(Extraído de Cuerpo, mente, comunicación.  Joaquín Benito Vallejo. Editorial Amarú)

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