HAPTONOMÍA: LA CIENCIA DE LA AFECTIVIDAD

 
Introducción a la haptonomía
-LA CIENCIA DE LA AFECTIVIDAD- 
Jaime Robert –Representante del CIRDH[1] en España-
Recopilaciones de textos realizadas por Joaquín Benito Vallejo
 

La haptonomía se define como la ciencia de la afectividad. Estudia las relaciones afectivas entre los seres humanos.

La palabra procede del griego Hapsis que significa el sentimiento, el tacto, el contacto táctil. El término ya fue utilizado por Aristóteles en el sentido de curar, sanar, establecer la integridad.

Hapto es una raíz griega que significa: yo entro en contacto táctil, yo reúno, yo establezco una relación…. (pag 29)

Ciencia que concierne al fundamento mismo de la existencia, a partir del que cada ser humano se expande y desarrolla para seguir su trayectoria personal.

Comprende la vida afectiva con sus interacciones, sus relaciones y sus problemas, con el propósito de establecer un estado de seguridad de base interno y un discernimiento estético, a través de contactos de proximidad tranquilizadora y de confirmación afectiva.

Las aplicaciones afectivas de la haptonomía conciernen a la vida entera del ser humano mediante acompañamientos específicos adaptados a la vida prenatal, la infancia, el adulto, los ancianos, y los moribundos.

La haptonomía forma parte de las ciencias humanas. Se preocupa de la forma en que la persona percibe el mundo y se integra en su relación afectiva con sus semejantes. Es la ciencia que estudia las relaciones humanas, basada en el contacto psico-tactil afectivo-confirmante. Reconoce como derecho incontestable fundamental del humano: el derecho a su reconocimiento por la consolidación racional de su existencia y por la confirmación afectiva de su ser desde la concepción.

En nuestra sociedad actual el humano se ve cada vez más privado del reconocimiento esencial que implica la confirmación afectiva.

En el sentimiento de seguridad que instaura la haptonomía, recurre al deseo de vivir (líbido vitalis).  El contacto psicotactil no es reducible en absoluto a un simple tocar. Recurre a la intencionalidad vital de la persona. Toma la iniciativa de ejecutar sus propias facultades, aptitudes y dones en relación con los demás.

Fue fundada como ciencia por Frans VELDMAN, médico e investigador en las Ciencias de la Vida, nacido en los Países Bajos en 1921. 

La Haptonomía es el fruto del encuentro –desde 1942- a partir de una sensibilidad artística que pasó a la medicina, a la filosofía y a la psicología, con una coyuntura sociopolítica e histórica dramática –la última guerra mundial, las atrocidades cometidas, y las consecuencias sociales y afectivas catastróficas que derivaron-.  Las cuestiones de la felicidad humana, de la tolerancia de las diferencias, y de la facultad de desarrollar plenamente la matriz de su ser con todo su potencial creativo, de las condiciones de la responsabilidad y del placer en los encuentros interhumanos se sitúan en el centro de sus preocupaciones.

Estos hechos le llevaron a descubrir, reconocer y analizar las causas de los déficits, carencias, frustraciones o traumatismos que traban o inhiben el desarrollo de la salud psíquica.

 

- Vemos en todo este texto interrelaciones con la teoría del apego- Bowlby-, la resiliencia –Cyrulnik-, la eutonía- Alexander-, la etología –Eibesfeldt-, y la Biología –Maturana -

 

Desde 1975 se han realizado congresos en diversas ciudades. En 1988 el Dr. Aguirre de Cárcer invitó a F. Veldman a celebrar la primera jornada de introducción a la haptonomía en el Hospital “La Paz” de Madrid. Fruto de él se formó la primera promoción de profesionales sanitarios españoles quienes vienen trabajando  en las diversas aplicaciones de la haptonomía con resultados altamente satisfactorios.

La haptonomía no es una profesión sino una filosofía y una ética de la existencia, como una forma de concebir la relación de ayuda y de cuidados de los humanos afectados por enfermedades físicas o psíquicas tanto como por un sufrimiento existencial.

El acercamiento humano haptonómica que se ha desarrollado  sobre este fondo  que se manifiesta mediante una comunicación táctil característica genera un movimiento del alma benéfico. La confirmación afectiva existencial se realiza; la vida afectiva que ha sido frecuentemente  asfixiada precozmente  o desechada  por una relación negadora antes de su despegue, puede por fin eclosionar, prosperar y reflorecer.  

En este sentido, la haptonomía no es un método, ni una técnica, ni puede ser clasificada entre las medicinas suaves, ni como una paramedicina.  Es llanamente una aplicación de la fenomenalidad haptonómica a cada una de las profesiones de la salud que se orienta a mejorar la relación entre el sanitario y el paciente en la busca de su curación, mejoría o adaptación de las limitaciones inherentes a la enfermedad, traumatismo o carencia que acompaña al paciente en su sufrimiento hasta los últimos momentos de su vida, proporcionándole una seguridad de base, una autonomía y una confianza en sí mismo, que alivian de forma indudable su dolor o colaboran activamente en el restablecimiento de la salud.

Sus aplicaciones abarcan todas las etapas de la vida desde la concepción hasta la muerte. Su interés sanitario y en el campo de la salud va creciendo sobre todo en un mundo médico en el que la especialización, la parcelación de competencias y la tecnología, impuestas por criterios de eficacia dificultan la necesaria relación entre el sanitario y el paciente, importantísima en la mejora o curación de éste último.  Su objetivo es humanizar la asistencia para obtener el máximo provecho. La relación afectiva entre sanitarios y pacientes fructifica en una asistencia de mayor calidad, mejores resultados y satisfacción tanto unos como para otros, profesionales  que en términos generales se encuentran desmotivados por el ejercicio de su profesión, como para pacientes. Hay que destacar el papel preventivo de la Haptonomía en el “síndrome del quemado”  que hace estragos en esta profesión.

APLICACIONES

  1. Acompañamiento pre y postnatal de los padres y del hijo;
  2. Haptoobstetricia
  3. Haptopuericultura
  4. Haptopsicoterapia
  5. Haptosicagogia
  6. Haptosinesia
  7. Acompañamiento de ancianos y moribundos
………………………..

1.    Acompañamiento de la maduración de una relación afectiva y recíproca entre  el padre, la madre y el niño. Favoreciendo el desarrollo de los lazos afectivos entre ellos.  Permite vivir una relación de ternura mientras el bebé se encuentra aún en el útero materno. Favorece la acogida del nacido en el momento del parto y después. El bebé adquiere muy temprano una seguridad de base que le invita a la autonomía, la comunicación y la confianza. Transforma  la vivencia del embarazo y establece un contacto íntimo mediante el cual, los padres aprenden a acompañar activamente a su bebé guiándole hacia su entrada en el mundo. El contacto afectivo debe continuarse posteriormente. El desarrollo afectivo del bebé es por esta relación confirmante fundamental y determinante para llegar a ser una persona autónoma. / No se trata de un método de estimulación. Piensan los haptonómicos que cualquier tipo de estimulación puede suponer una manipulación de los dones y facultades que cada ser humano ha recibido.  Uno  de sus principios es que no tienen derecho a dirigir a nadie. / Es un acompañamiento  para aumentar el bienestar y favorecer la vivencia del nacimiento y durante el primer año de vida ayudando a la expansión del niño.

2.    Culminación del acompañamiento prenatal, ocupándose del parto.

3.    Se ocupa del bebe y de su infancia. Permiten un acercamiento afectivo confirmante.

4.    Acompañamiento de terapia que aspira a ayudar a la persona a reencontrar una salud psíquica. Dirigido a personas que sufren un mal existencial, sentimiento de frustración, incompletud, ligado a su historia. Ofrece la posibilidad de movilizar sus deseos vitales que son el fundamento de la existencia.

5.    Acompañamiento de naturaleza psico-pedagógica orientado a los problemas del desarrollo del Yo-consciente y del llegar a convertirse en una persona en un contexto psico-educativo. Se dirige a niños y adolescentes con problemas del desarrollo del Yo-consciente y a adultos con dificultades de maduración hacia un psiquismo adulto.

6.    Ayuda o terapia de las enfermedades y de los problemas físicos, trastornos de integración corporal. Evolución hacia el Extentus Rationalis –una forma de estar en el mundo de forma razonable, sensata, circunspecta y consciente- que permite proceder de forma adecuada. Estudio y tratamiento de los problemas relacionados con el suelo pélvico. Déficits neurológicos y motores. Intencionalidad vital del paciente en un ambiente confirmante. Facilitación de los cuidados que redunda en una asistencia más humana, con disminución  de lesiones de los cuidadores.

7.    Se orienta a obviar los inconvenientes de la edad, como la inercia, la apatía, la demencia, la inactividad, el aislamiento. Haciendo un llamamiento adecuado a su impulso vital en el contexto de reencuentro interactivo. En el acompañamiento a moribundos comprende un acompañamiento individual de la persona agonizante así como del sostén de sus familiares próximos. Permite disminuir el sufrimiento propio del trance agónico.


Concepto de haptonomía y sus aplicaciones

Frans Veldman –Fundador de la haptonomía y kinesionomía.  Investigador de ciencias de la vida.

El ser humano ha sido concebido para el contacto con sus semejantes, y particularmente, contactos afectivos que le dan seguridad.  Depende de este contacto para su desarrollo psíquico, desde la concepción hasta la muerte. Tras la concepción, el humano tiene una fuerte necesidad de estímulos aseguradores de calidad  afectivo confirmante, para establecer un estado de seguridad de base, sobre el que poder fundar su autenticidad y un sentimiento de completud indispensable.

La privación de este contacto confirmante afectivo tiene graves repercusiones para el desarrollo de sí del individuo y sobre todo para llegar a ser una persona en total autonomía, que sepa asumir la responsabilidad de sus actos. Hoy día hay una degradación inquietante de estas cualidades que forman la base de la sociedad humana. La falta de sentido de las normas éticas puede conducir a la violencia.

Los contactos afectivos confirmantes que trabaja la haptonomía son contactos táctiles de carácter muy específico, que recurren al bien que el individuo porta en sí mismo, innato en su germen. Necesita para su plena expansión de una afirmación y un reconocimiento existenciales.
 
Esta afirmación es un derecho incontestable de su ser como principio esencial de la vida que radica en su naturaleza misma, y considera la afirmación recíproca de la existencia del otro.
 
Se distinguen tres grados de reconocimiento y de afirmación del otro.

  1. La afirmación existencial. Constatación y aceptación de la existencia del otro. Reconocer que está ahí, decir si a su presencia. Es lo mínimo de las exigencias e implica el reconocimiento para cada uno del derecho a ocupar su lugar con plena potestad en el mundo sin ninguna discriminación.
  2. La consolidación racional de la existencia. Validación intelectual y racional de la existencia del otro. Que implica la justificación de su ser, de su unicidad, de su valor. En los intercambios sociales a todos los niveles esta consolidación es determinante para el reconocimiento de las capacidades  y cualidades. (Una sociedad  puede ser considerada humana en la medida en que sus miembros se afirman unos a otros. –Martín BUBER-)
  3. La confirmación afectiva. Confirmación específicamente haptonómica que va más allá de la consolidación de la existencia. Descubre, revela y confirma  al ser verdadero, el bien que representa, el amor universal humano. Por su naturaleza, esta confirmación exige incondicionalmente un contacto táctil específico, tranquilizador, asegurador, lleno de ternura y respeto. Derecho incontestable y primordial.  Se depende de ello para su expansión, individuación y para una salud psíquica equilibrada. Su privación bloquea el llegar a ser uno mismo y el desarrollo de un estado fundamental de seguridad interna, así como el sentimiento de completud para el estar aquí autónomo.
Es justamente la privación de la confirmación afectiva la que  se encuentra en el origen de la falta de discernimiento. Es propia de la vida contemporánea  y causa una ausencia preocupante de responsabilidad que muestra una falta de sentido de la ética y un subdesarrollo del fuero interior consciente.

La haptonomía considera a la persona en su integridad y la confirma afectivamente en su esencia mediante la cualidad de un contacto psicotactil. No es reducible a un simple tocar y no debe confundirse con el tacto. Precisa tacto, presencia, trasparencia, prudencia, respeto, y traspasa lo meramente corporal.

Esta capacidad está infra-desarrollada y subestimada en nuestra sociedad, se encuentra atrofiada, endurecida, reemplazada por una hiper-racionalización que reprime toda afectividad. La afectividad, -el sentimiento- carece de valor comercial o político y es reprimida en la sociedad del provecho.

En el acompañamiento haptonómico al moribundo, no se trata de cuidados paliativos que la persona debe soportar pasivamente, sino de un acompañamiento afectivo confirmante que abre horizontes, realizando un llamamiento explícito a la actividad de la persona y su autonomía y a su derecho a la autodeterminación. Exige del acompañante una actitud que se caracteriza por una presencia verídica, sin fingimiento, una trasparencia límpida y una circunspección concienzuda, implicando autenticidad, sinceridad, veracidad, cálida solicitud y empatía.

Estas son las características que juegan un papel determinante en cada relación afectiva humana. Que deben aparecer incondicionalmente en cada relación terápica.


Adesse Animo

Anne Marie Van Polen

Permanecer aquí, presente, frente a los desafíos y problemas de la vida.
 
El verbo latino “adesse” expresa este estar aquí presente.
Adesse ánimo significa estar presente de corazón, de alma, con atención, afectivo, e implica también un estar y permanecer aquí, de todo corazón, con coraje, tener todo su Afectivo en atención.
 
Estar aquí presente y abierto y permanecer – El estar haptonómico, no delimitado, de la afectividad. Permanecer aquí, en liza con esta presencia, no importa cuáles sean las circunstancias.
Esta forma deEstar-aquí” implica unEstar-con” en el sentido de tener parte, tomar partido, de dar parte en tanto que estar presente en una comunicación afectiva con otro.
Un Estar-con anticipación atenta, sensible a las necesidades tanto de nuestro tiempo y de la humanidad en general, como de sus próximos.
Este estar-aquí haptonómico exige una anticipación  constante de calidad afectiva. Implica un sentido sutil y sensitivo de reencuentro que entiende y comprende intuitivamente, por empatía. Lo que el otro (re)presenta  por sus reservas, sus incertidumbres, su vulnerabilidad, sus angustias, sus esperas, deseos y necesidades, pero también por el bien que representa o puede representar.
Estar-aquí presente del Adesse ánimo es la realización – o mejor, la esencialización de la Philia haptonómica. Esta Philia representa un amor que confirma al otro en su bien. No tiene reservas, ni toma partido. Está por encima de la amistad. No pide nada a cambio, no ahoga tampoco. Es por este motivo que se denomina también en haptonomía: “Amor contenido”.
El humano se ve confrontado a la pesadumbre, a la tristeza, al dolor o al sufrimiento, de la naturaleza que sea, tiene gran necesidad de esta presencia del otro que se revela por la Philia, ya sea orientadora o terápica.
¡No se trata aquí de compasión, de  piedad, de enternecimiento o de aflicción!  Frecuentemente tales formas de conmiseración no son más que proyecciones de vivencias mal-digeridas, o identificaciones proyectivas que no ayudan verdaderamente a la persona a soportar o sobrepasar la pesadumbre o el sufrimiento.
Al contrario, se trata de una simpatía afectiva sincera, que se revela mediante  una presencia transparente, clara y limpia, sensible y sensitiva, y que sostiene, anima y acompaña.

Es particularmente cuando nos vemos enfrentados a una enfermedad grave, o a problemas preocupantes que amenazan la independencia de nuestra existencia, cuando se comprueba la necesidad de la presencia afectiva de los seres cercanos que pueden sostenernos y reconfortarnos moralmente, o incluso la necesidad de ayuda, de cuidados o de la asistencia de profesionales que se dirigen a nuestra persona.
Sin embargo, sean cuales sean los casos y las circunstancias, hay que poder hacer frente personalmente a la realidad y permanecer en lo real, aunque debamos aceptar los inconvenientes, ciertas dependencias, limitaciones o enfermedades.
Esto implica el reconocimiento y la aceptación de la necesidad de un acompañamiento, ya sea de carácter terapéutico, o de asistencia física o psíquica.
En lo que concierne a esta dependencia cierta, inevitable de cuidados, de ayuda, de asistencia o de acompañamiento, nos vemos, en nuestro mundo de efectividad, frecuentemente, involuntariamente sometidos al “poder” de los profesionales de cuya ayuda dependemos. Y esto no es siempre fácil, sobre todo si uno no se siente reconocido  y respetado en su personalidad  y su derecho a la autodeterminación.
 
La ausencia de claridad, falta de buena concertación, sobreestimación del poder profesional, comportamiento afectado por la rutina, la indiferencia, la insensibilidad,… nos pueden hacer desdeñar las facultades de la vis vitalis de la persona, así como las fuerzas de la libido vitalis que inspiran su intencionalidad vital.
En estos casos, la influencia de la situación sobre la vida de la persona es ignorada, así como las consecuencias y los cambios, a menudo drásticos, que esto conlleva sobre su forma de vivir y su existencia.
¿Cómo hacer frente a las inevitables intervenciones que mutilan el cuerpo, y perjudican la unidad y la integridad  de la corporalidad animada, con repercusiones sobre el sentimiento de completud?
 
En consideración a la vivencia de si: ¿somos capaces de  aceptar, de integrar una mutilación, un trasplante o un cuerpo extraño considerando que nosotros somos siempre enteramente nosotros mismos?
No basta con saber y reconocer que una intervención mutiladora ha salvado la vida, o que una enfermedad incurable nos conduce inevitablemente a la muerte, a pesar de la presencia todavía óptima del deseo de vivir; es preciso integrar también estas realidades dolorosas de la vida.
En tales situaciones, la exigencia de “mantener el tipo”, de mostrar el coraje, de considerar lo inevitable, no nos ayuda demasiado,  si no coexisten el saber seguro, la certitud interior del hecho de que se es y permanece amado, a la vez que respetado por lo que somos verdaderamente.
 
Integrar la propia vida – cuando se es confrontado con tales perturbaciones – los inconvenientes, las enfermedades, los hándicaps, los cambios radicales…, no es fácil de conseguir si se nos priva de comprensión empática o de afectividad.
Lo que se ha podido constatar a lo largo de la vida es que allí donde había presencia afectiva de los cercanos, - que expresaban su amor, además de una ayuda plena de sincera solicitud – la curación o la aceptación  de los sinsabores que comporta la enfermedad, era mucho más fácil que allí dónde esta proximidad íntima afectivo confirmante faltaba.
Los individuos abandonados, o viviendo en el aislamiento, no tenían frecuentemente, verdaderas posibilidades para continuar una vida humana en la que el placer, con la calidad confirmante del Bien que le es inherente, era preminente.
Esta falta del buen placer (delectatio)  que incita el deseo, la alegría y el coraje de vivir, implica siempre una ausencia de la fuerza estimulante de la libido vitale  y de una salud psíquica bien equilibrada.
Por el contrario, numerosas personas gravemente mutiladas o afectadas por una enfermedad o una minusvalía que limitaba su vida de una forma muy apremiante, manifiestan, a pesar de todo, una salud psíquica, mostrando que superan sus problemas físicos.  No se comportan como enfermos, aunque por parte de su mundo social, se tentaba frecuentemente de etiquetarles como tales. Se trata siempre de personas bien afirmadas en su existencia y bien confirmadas afectivamente en su ser.
 
El contraste es patente con relación a las personas privadas de su confirmación afectiva, que, con limitaciones físicas, enfermedades o handicaps relativamente menores, se presentan como enfermos exigiendo mucha atención y cuidados, mientras que en realidad, no se trata de una verdadera enfermedad en su acepción haptonómica.
Más que la gravedad de su situación está la necesidad  de consolidación de su existencia y de reconocimiento, lo que suscita su comportamiento.
 
La salud, en su significación haptonómica, supone la posibilidad del humano de poder ordenar personalmente e independientemente, de forma autónoma,  con la base de un estado de seguridad interna fundamental,  su existencia individual según su voluntad razonable y su propio deseo.
Esto implica poder disponer libremente de las facultades de integrar adecuadamente los problemas, las alteraciones, las preocupaciones, las pesadumbres y los sufrimientos, con los que el humano se ve confrontado en su vida personal, de forma digna y clarificante, enriquecedora (lo que no quiere decir de forma resignada).
A la vista de la haptonomía, la enfermedad implica una perturbación del ser-si, pasajera, crónica o permanente, - que encuentra su origen en un desorden, una alteración o una deficiencia de una función o de una estructura orgánica – neuro fisiológica o anatómica del cuerpo – es decir, de la corporalidad, y que de alguna forma, limita o impide al individuo representarse a sí de forma óptima y de disponer libremente e íntegramente de sus facultades vitales existenciales.
 
“Estar-enfermo” implica corrientemente, un cierto estar-limitado que se ve confrontado a limitaciones temporales o más o menos  permanentes de su existencia.
Toda enfermedad está, como tal, acompañada de un comportamiento específico, adaptado a la situación, que revela una cierta forma de mantenerse, de resistirse a los inconvenientes que comporta esta enfermedad.
A través de este comportamiento, el humano no se manifiesta solamente por una “conducta de enfermo”, sino que revela al mismo tiempo su propia forma de aceptar, o no, el hecho de estar confrontado a una enfermedad, o mejor, su propia manera de asimilar la enfermedad que influencia y determina más o menos consecuentemente su existencia, su vida cotidiana.

Poder vivir o no el estado de seguridad-de-base, bien fundado sobre la confirmación afectiva de nuestro ser, es esencial en nuestra forma de asimilar una enfermedad, una dolencia, o todo un acontecimiento que invalida.
Estar enfermo, sentirse mal,  indispuesto o limitado, temporal o permanentemente, nos obliga existencialmente a tomar posición, y recurre tanto a nuestra forma de hacer frente al mundo como a nuestra forma y posibilidad de hacer frente a los desórdenes  y afecciones, inconvenientes, problemas.., que amenazan nuestro ser.  Esto es más evidente si nos vemos confrontados a una enfermedad que comporta una dolencia, un hándicap o una invalidez susceptible de impedirnos vivir sin restricción y que limita nuestra existencia. No es raro que tales repercusiones nos obliguen a una dependencia que aliene una gran parte de nuestra autonomía.
Esta confrontación es mucho más violenta cuando se trata de una enfermedad maligna que nos coloca ante el hecho que, progresiva o bruscamente, el dolor y el sufrimiento van a reinar en nuestra vida. Un estado de deterioro de la persona, entendido como despersonalización, puede acompañar una enfermedad de estas características.
La proximidad de la muerte puede producir angustia; puede llegar demasiado pronto, si bien en otros casos debemos concebir de forma positiva que pueda ser vivida como una liberación, en particular para personas que sufren grandes dolores o grandes sufrimientos o para aquellas que se encuentran en una depreciación de ellas-mismas. 

Las observaciones y experiencias han convencido del hecho propio de la fenomenalidad  tan rica y tan profundamente humana del acercamiento haptonómico, que los profesionales de la salud  tienen ante todo necesidad de integrarlo  en su propia vida, para poder disponer de la calidad afectivo confirmante que le es inherente  y estar verdaderamente en disposición de ayudar, de curar, de asistir humanamente, de poner en práctica un acompañamiento o una terapia adecuada, de forma haptonómica. A partir, por supuesto, de la seguridad de base que ella instaura.

Se ha podido constar que cuando se han desarrollado las propias facultades haptonómicas, y uno mismo se ve confrontado a los problemas que infiltran la existencia, es posible sobrepasar los propios problemas por el “Adesse-animo-a-pesar-de-todo”, que permite permanecer-aquí, presente, de corazón, en un Afectivo atento. Un afectivo que permite superar las limitaciones físicas, vivir y gozar del buen pacer (delectatio) y también del estar-aquí, como del permanecer-aquí-con…
¿No es este estar aquí presente abierto no delimitado, sin limitación, de la Afectividad lo que permite expandir perspectivas humanas ilimitadas?

Frecuentemente, de forma oculta, imperceptible para los demás, se vive confrontado a problemas existenciales que tienen un impacto invasor sobre nuestra vida habitual.
Las alteraciones de la vida que influencian o incluso determinan de alguna manera nuestra vida personal y a las que hay que hacer frente, son legión. Estas influencias vienen del mundo exterior, que nos rodea y en el que vivimos, y del mundo social, de contactos y de interacciones humanas que es el nuestro. Estamos a su merced.
Es creciendo  y madurando, como el humano aprende –según sus propias predisposiciones y facultades de vivir-, con las potencialidades de su mundo de vida- adaptándose, inspirado por el libido vitalis: la fuerza de vida inteligente que es la fuente de toda energía  vital de emprender y de todo placer de vivir.
La eficacia de su propia forma de hacer frente a estas influencias, depende en gran medida, de su facultad de discernimiento y –por consecuencia- de su inteligencia, guiada por su fuero interior, tal como ella ha podido desarrollar sobre la base de la consolidación de su existencia, y más todavía de su confirmación afectiva, desde el inicio de su vida.
 


Bibliografía

1-     El acompañamiento afectivo haptonómico desde la concepción hasta la muerte. – Haptonomía  ciencia de la afectividad – Fundación de la Haptonomía –C.I.R.D.H.- Zaragoza 2003



[1] Centro Internacional de Investigación y desarrollo de la haptonomía.

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