viernes, 15 de enero de 2016

LA ALIENACIÓN DE LOS SENTIDOS


LA ALIENACIÓN DE LOS SENTIDOS Y DEL MOVIMIENTO. SENTIR  Y MOVERSE ES  DISFRUTAR.-
Joaquín Benito Vallejo

 Síntesis
Alienación de los sentidos y del movimiento significa la realización de estos en su objetivo meramente utilitario, dejando de desarrollarlos en su orientación más amplia, como medios de disfrute y de placer; como estímulos sensoriales y mentales; como elementos de crecimiento personal, con las aportaciones de la educación, la cultura y las artes, y sobre todo como medios para la comunicación y la solidaridad interpersonales.

Palabras clave
Movimiento, sentidos, vista, oído, tacto, gusto, olfato,  placer, cultura, arte, educación, comunicación,


Alienación significa estar fuera de sí, no estar en sí, estar desposeído, deshabitado, enajenado, ido, loco, no serse, no sentirse, no experimentarse.


“Los sentidos se especializan cuando se establece la diferencia entre la actividad para subsistir y la existencia. No es lo mismo la utilización de la boca para nutrirse que para saborear. El primero es la subsistencia, el segundo  la existencia.”
Carlos Gurméndez
TEORÍA DE LOS SENTIMIENTOS
Editorial Fondo de Cultura Económica
1981


Antes de la necesidad vital está el placer, porque éste es la motivación para alcanzar y cubrir la necesidad.  La vida  a lo largo de su existencia, lo primero que debió de aprender y organizar como uno de los aspectos más esenciales para seguir viviendo y perpetuarse, fue la necesidad del placer como un agente vital. En caso contrario ¿para qué vivir? ¿Qué estímulo puede ofrecer la vida si no es ese? ¿Cómo iban a luchar los seres por vivir si la vida fuera un sufrimiento? El placer es el camino para llegar a ser, la vía para vivir, el estímulo para moverse, para explorar el medio, para relacionarse con los demás, para crear y hacer. Todas esas acciones son mantenidas y conducidas por el placer. Luego, al final, resulta que también está el placer, y que ha provocado otros beneficios como la salud. Pero sin placer no puede haber salud. Sería una salud, incolora, inodora e insípida, y mucho peor, una salud sufrida. El placer  es el camino y la meta. Es bueno en el principio y en el final. No puede haber medios contrarios a los fines ni viceversa.

El cuerpo, es lo que define más claramente al ser vivo. Antes que nada se es un cuerpo, un sujeto material. Pero, un cuerpo que vive, es un cuerpo que siente.  Un cuerpo que se siente a sí mismo, que siente dónde está, que siente lo que le rodea. Siente el entorno más próximo donde vive, en el que vive, y al que necesita para vivir. Entorno, espacio o medio ambiente, como lo queramos llamar,  que forma parte de él, de su vida, espacio que necesita para vivir. Es un cuerpo que se mueve en ese entorno o espacio propio. Y para moverse en ese espacio necesita sentirlo, captarlo, percibirlo –y antes que nada disfrutarlo-. Y a la inversa, moviéndose en ese espacio aprendió a verlo, sentirlo, percibirlo, conocerlo. –y disfrutarlo-. Para lo cual dispone también de unos sentidos u órganos que le permiten la conexión con el entorno.

Lo más primigenio del ser vivo es sentir y moverse. Lo más básico y a la vez, lo más trascendente. La capacidad de sentir y de moverse nace con la vida, se desarrolla y crece con la vida y le es necesaria para vivir. Vivir significa explorar el espacio envolvente a la búsqueda de aquellos elementos necesarios para vivir. Busca los elementos que necesita, los elementos de que carece. Esta carencia o necesidad produce una insatisfacción, una tensión que conduce a la búsqueda y consecución del elemento necesitado a nivel celular, orgánico, personal, relacional, afectivo. Entre la insatisfacción de la necesidad interna y la satisfacción externa.  La sensación establece una conexión entre el interior y el exterior. Sentir es la base de todo lo vivo, del conocimiento, de la emoción, de la consciencia, del amor.

Por ello, la exploración de ese espacio, -que es también experimentación porque conduce a tener experiencias diversas- se convierte en búsqueda, –recherche-,  investigación del medio. Y esa búsqueda a la vez, debe acarrear placer. No solo el placer debe estar en la consecución del elemento necesitado, o en que ese elemento produzca sensaciones placenteras, sino, también en el proceso para conseguirlo.

El placer es la motivación y el estímulo tanto de la meta, del trofeo, como del camino seguido hasta alcanzarlo. Porque si el camino es doloroso -aunque a veces puede serlo, pero la necesidad placentera es tan grande que puede superar las dificultades- en caso contrario lo rehuiremos y no llegaremos a la meta.


En contra de ese enunciado anterior, se nos educa para llegar a una meta en la que se nos ofrece el paraíso –que además es mentira- pero en la que el camino para llegar a ella es un doloroso sacrificio. Se nos ha educado en el sacrificio y lo hemos incorporado a nosotros y nuestra forma de vida como una regla moral.  La meta, además del supuesto paraíso, es el efecto, el producto, -el premio-, de forma que por llegar a lo efectivo y productivo, hemos perdido y olvidado el afecto y el disfrute.

En este proceso los sentidos se han alienado, han quedado reducidos al ejercicio de la consecución del objetivo, de aquello que es productivo, de lo que se considera útil, perdiendo por ello la capacidad de disfrutar con el sentir. Al comer no saboreamos la bebida o el alimento, lo deglutimos; el oído solo lo utilizamos para entender un mensaje hablado, no para disfrutar del sonido; el tacto, únicamente como un medio útil para no hacernos daño con un objeto; idem de idem. Se nos ha educado para conseguir un objetivo, de modo que despreciamos los caminos para llegar a ellos por considerarlos pérdidas de tiempo, por lo tanto con ello nos perdemos disfrutes desconocidos y otros logros que se mueven en esos caminos. Por ejemplo, el disfrute con el tacto, -y con todos los sentidos- suponen una estimulación sensorial, -generando nuevas sinapsis neuronales-, por lo tanto ligado a la salud cerebral, mental y emocional, mientras que en el lado contrario, el hecho de ir directamente a una meta, siguiendo además un camino ya conocido y rutinario, no aporta nada a la experiencia, el conocimiento y la salud cerebral, ni tampoco al disfrute sensorial, la tranquilidad, el cambio del estado de ánimo, el encuentro consigo mismo.

El objetivo utilitario puede parecer la base de los sentidos, lo más primario para desenvolvernos en medio, pero el camino empieza por el sentir placentero, de la misma forma que el objetivo último de los sentidos es el deleite, lo aparentemente inútil, quedando en el medio la utilidad.  El oído está hecho para oír, pero si solo ha desarrollado la capacidad de  entender un mensaje básico, se convierte en  una alienación, -en la subsistencia- nunca será capaz de disfrutar de la música, -la existencia- por ejemplo. Porque en la música se perciben tonos, melodías, ritmos, instrumentos, acordes, etc., etc., pero sobre todo, la transmisión de emociones y sentimientos, que trascienden lo útil, que llegan al alma, que es la “existencia” del ser, más allá de la subsistencia.  Lo mismo ocurre con los otros sentidos.

Pero a la vez que un placentero bienestar, el camino de exploración  también supone un riesgo, que puede impedir los placeres intermedios o últimos, o incluso amenazar a la misma vida, tengamos esto en cuenta.

El placer, por un lado, desde el principio, está ligado a la experimentación y a la investigación. El placer está, debe estar en el principio de la vida. Y el placer debe radicar fundamentalmente en los medios, elementos, órganos, capacidades que orientan la búsqueda, tanto o más que en la consecución. Tales medios son en síntesis los sentidos y el movimiento. Este último a la vez está ligado con otros sentidos, más allá de los seis habituales, el sentido kinestésico, el sentido rítmico, el sentido del equilibrio, el sentido espacial.

Por lo tanto, según esto, los sentidos y el movimiento, deben ser ante todo fuentes de placer, fuentes de vida,  hacer la vida cada vez más placentera, mejorar la propia vida, a la vez que desarrollar más capacidades para que así sea. No pasemos adelante sin olvidar que los sentidos y el movimiento –temas centrales de este texto-, a la vez que fuentes de placer, nos avisan de lo que no es placer, o lo que es lo mismo, de aquello que puede entrañar un peligro para la vida. Por lo cual se convierten a la vez que en fuentes de placer o de deseo, en fuentes de temor o miedo, ansiedad y sufrimiento. Y a veces el miedo vence al deseo placentero, produce un trauma si ha sido muy fuerte  o se ha repetido muchas veces, convirtiéndose en el que manda. Entonces, el ser vivo traumatizado por el suceso se convierte en un mezquino, en un miedoso, que no se quiere arriesgar, que quiere permanecer en un estado seguro, para lo que evita el moverse o explorar lo menos posible el medio y con ello carecer también de nuevas experiencias y aprendizajes. Ya veremos más adelante que lo que se acaba de decir puede ser una simpleza si no se tienen en cuenta otras causas. Se llega a ser mezquino por los condicionamientos educacionales – medioambientales - sociales, no simplemente porque uno quiera. Uno por sí mismo nunca lo quiere. Le han hecho así en su educación. Estos condicionamientos son en definitiva la escasez de recursos personales – socio - culturales para desarrollarse.

(Aprender es adquirir nuevos conocimientos y capacidades). Cuando  los sentidos y el movimiento se restringen a lo mínimo y básico, el ser vivo que cae en ello, se queda en el peldaño de la supervivencia, sin llegar al de vivir existencialmente. Si la vida es placer, la supervivencia no lo es, es aguante, resignación, rutina. (Cuándo pregunto en las clases: que sentís, me contestan: no me duele nada. Es decir asocian sentir con dolor)  Puede dar una cierta seguridad, pero también a la vez, angustia o sufrimiento, porque el temor siempre está subyacente. La supervivencia puede ser un estar sin ser. Estar a medias. Esto significa, que los sentidos y / o el movimiento se han alienado. Porque nos han desposeído,  ya que no nos dejan sentir plenamente, experimentar, disfrutar, impiden que seamos todo lo que pudiéramos ser. Nos han dejado a medias, rotos. Nos han dejado los sentidos solo para sufrir, únicamente para avisarnos de los peligros, no para disfrutar con ellos.

Los sentidos y el movimiento se han quedado únicamente reservados para la supervivencia, no para la vida, no para el placer. Se han quedado anquilosados, pauperizados, deteriorados, degenerados, se han quedado anclados en su quehacer más rudimentario. El sentido de la  vida –el sentido de los sentidos, el vértice en el que todos los sentidos confluyen- no yace meramente en su aparente utilidad, sino en el más allá de la utilidad. Incluso, la auténtica utilidad recae precisamente en lo aparentemente inútil. El sentido de la vista, del oído, del tacto, del gusto del olfato no pueden limitarse al estrecho camino de detectar peligros, sino en el amplio campo de percibir -y posibilitar- placeres. Los sentidos se ligan así desde el principio de la vida, a los sentimientos. Sentir no es solamente captar una luz, un color, un sonido, una palabra, un olor, un roce…, es asociarlo a displacer o placer, a un recuerdo, a una imagen a un sentimiento. Y por lo tanto, está asociado a los otros, a la comunicación, a la cultura, al arte. Los sentidos se enriquecen con la cultura, con la educación, con la comunicación, con los otros.  Necesitan de estos ámbitos para no alienarse ni degradarse. Necesitan ser refinados, cultivados, culturalizados, socializados, “sentimentalizados”.


(Y paradójicamente, desde este punto de vista, sentir también es sufrir.  Porque nos hace más sensibles. Porque siento mis carencias y pérdidas, y me identifico con los sentires de los demás, sus pérdidas y carencias. Mientras que la utilización de los sentidos y el movimiento para la mera supervivencia también es utilizarlos como coraza para no sufrir. A la persona se la convierte en una máquina y en una herramienta de trabajo)


Todos los sentidos nos advierten de aquello que puede hacernos daño o ser peligroso y todos nos deleitan de placer. Quedarse solo en la primera función es lo alienante, llegar y enriquecer a la segunda es lo extasiante. Es aquí que el cuerpo, los sentidos y el movimiento se convierten en herramientas de trabajo solo  preparados para cumplir la función de sobrevivir y o producir. Producir para sobrevivir. Almas preparadas, domesticadas, para disfrutar de la otra vida según la religión les ha inculcado. Almas preparadas como herramientas de trabajo para ganar para sobrevivir. Y almas domesticadas también para no sentir, para no sufrir, porque si sintieran y sufrieran se revelarían contra la opresión impuesta.

En cualquier caso, los sentidos envían información al cerebro de  lo que captan, en el primer caso la información es escasa, definitoria y contundente, -hasta que llega un momento en que no aporta nada nuevo, se convierte en una rutina, en actos mecánicos-, mientras que  en el segundo caso, la información sensorial puede ampliarse hasta límites insospechados, originando conexiones neuronales múltiples, con lo cual ya vemos que los segundos son más enriquecedores. La primera función se queda anclada en mantener la mera supervivencia,  la segunda lleva al placer de vivir, el disfrute sin límites de la cultura, las artes, la comunicación y cooperación  con los demás, la creatividad. Pero también el sufrimiento de la existencia, del mundo, de los otros, de la injusticia. (Elementos considerados en muchos ámbitos inútiles, que no producen nada, que no sirven para nada efectivo. Elementos a las que las personas que sólo están en la supervivencia de los sentidos, nunca han llegado a saborear.  –ni a sufrir-.

El placer de los sentidos es ilimitado, cultivarlos para lo exquisito, para la belleza, para la comunicación, para el afecto. Para disfrutar de la naturaleza, del paisaje, de la ciudad, sus olores, sus sonidos, sus colores, sus texturas. Para disfrutar con la cultura y el arte, la literatura, la poesía, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura, el cine, la danza, el teatro. Para compartir con los demás, comunicarnos, solidarizarnos, querernos.

(En el entorno está todo lo que necesitamos para vivir y por lo tanto, todas las fuentes del placer. El entorno humano no lo configuran solo oxígeno, y alimentos, son fundamentalmente los otros. El afecto que de ellos se desprende, la comunicación, la solidaridad, el compartir, el co-crear. Y el mayor temor es la pérdida de esos placeres y / o necesidades)

 El gusto no es únicamente distinguir sabores siempre en base a lo que puede ser malo o bueno para el organismo. Es saborear y paladear, con el sentido de que la comida que es una necesidad vital, sea placentera, pero además, la comida se asocia siempre a la compañía con otros, con los que se disfruta a la vez, compartiendo y comentando  sus sentimientos. La mayor aberración de la comida es comer sin saborear, engullir, sin pasarlo por el paladar, comer solo o en silencio, hacerlo como una obligación, o lo que está muy de moda con la obsesión por la salud, que es comer únicamente, aquello que han aconsejado los expertos, que es saludable, fijándose solo en las vitaminas o proteínas que contiene el alimento, para mantenerse en buen estado de salud. –Otra forma de utilidad-. Igual que cuando después de realizar un ejercicio, me preguntan: ¿esto para qué sirve? ¿qué cura? Y yo les puedo contestar ¿te ha gustado? Lo más importante es que te guste. Ya ha servido para algo. 

Los sentidos al pasar por el cerebro guardan recuerdos y hacen brotar imágenes, son evocadores, nos llevan a los sentimientos y afectos arcaicos ya lejanos de nuestra vida pasada. El olor también nos advierte de algún peligro, de algo malo, como es un cuerpo en descomposición, pero también de lo bueno, donde radica el placer, de una comida, de una planta… Y también del celo animal que conduce a la búsqueda y al apareamiento –otra necesidad vital para la existencia de la especie, para que la vida siga perpetuándose.- El olor a un alimento, a una planta, a un paisaje, a un cuerpo…. Nos hacen rememorar el pasado, volverlo a vivir, conducirnos al éxtasis.


El tacto es quizá el más vital de todos los sentidos porque es el que más ligado está al afecto.  Aunque también es el más vital –el único sin el cual no podríamos vivir- porque se asienta en toda nuestra piel, que es a la vez la que delimita nuestro cuerpo, nuestro ser, nuestro yo. (Es todo el cuerpo el que tiene el sentido del tacto, mientras que no podemos decir que el cuerpo entero oiga o vea, aunque metafóricamente sí.). Y el más vital porque sin tacto no podríamos tampoco movernos, ni caminar. Nos chocaríamos con los objetos, no podríamos apoyar los pies en el suelo. Pero aparte de su papel como coraza y arma protectora, el placer de tocar es inmenso. Tocar los objetos por tocarlos como disfrute, sintiendo texturas, formas, volúmenes, temperaturas… y sentir a otras personas, acariciar y ser acariciado.  El tacto se aliena cuando es utilizado únicamente para utilizar los objetos de la vida cotidiana y del trabajo, con el único fin de hacer las tareas.


El oído no queda solo para escuchar los significados de los mensajes sino para captar las tonalidades, la música, el canto de los pájaros, el susurro del rio. El oleaje, el viento en los árboles. Y siempre con la asociación a sentimientos: ternura, tristeza, alegría, bienestar, dolor, pérdida, temor, pasión.




martes, 29 de septiembre de 2015

Amor y Odio - Historia del comportamiento humano


Eibl-Eibesfeld; I.  Amor y odio –  
Historia natural del comportamiento humano- 
Recopilacion realizada por Joaquín Benito Vallejo




El autor subraya que tanto el comportamiento animal como el humano están gobernados principalmente por conductas de vinculación social programadas en nuestros genes.
  (Prólogo) La evolución del comportamiento tiene sus momentos estelares. Uno de ellos es la “invención” del cuidado de la prole en la historia filogenética de los mamíferos.
Con la formación de los comportamientos, en los mamíferos, las madres, y en las aves tanto el padre como la madre cuidan a sus descendientes.
Apareció sobre la tierra un repertorio de comportamientos que, en cuanto a su naturaleza, son básicamente amistosos…
Más tarde aparecieron en las crías, llamadas que desencadenan estos comportamientos protectores, como el de la alimentación, el cuidado, la limpieza, y la protección. Se desarrollan señales entre la madre y el hijo para la mutua comprensión, así como para la satisfacción emocional, de proteger y de ser protegido.
Con el desarrollo del cuidado de la prole no solo se dieron la motivación y los instrumentos para una existencia pacífica del mundo, sino también el amor, definido éste como una ligazón individual
Para el animal joven es importante reconocer a sus padres, es vital que no se apegue por error a extraños….
Entre los mamíferos superiores las familias se convierten en grupos, que están ligados de manera casi familiar. Entre los ratones, al ser familias muy numerosas, están ligados a través de un olor común que les distingue de otros grupos.
 La ternura apareció en el mundo por el cuidado de la prole.

VENTAJAS DE LA SOCIABILIDAD
Las ventajas de la sociabilidad son muy diversas.
La Protección - Pingüinos y arañas se juntan para protegerse del frío y de la sequía. Los peces viven en bancos unidos por un olor específico, para que ninguno quede aislado y sea aniquilado por un depredador. Las aves forman bandadas. Insectos y vertebrados forman colectividades por la misma razón. Protegen a las crías de cualquier peligro.
Los comportamientos de protección y defensa de la progenie aparecieron antes incluso que los de la alimentación.
Otra ventaja de la unión es la repartición del trabajo en la realización de diversas tareas: el cuidado de la prole; la caza, la defensa… Los machos pueden hacer una tarea y las hembras otra o pueden turnarse en la misma tarea, por ejemplo, en la alimentación y el cuidado de las crías. Los lobos, cazan en manada repartiéndose los papeles a desempeñar. Entre los insectos sociales cada casta desempeña un rol distinto. Así, entre las hormigas cortadoras de hojas hay tres castas de obreras: las grandes que defienden el nido; las medianas que cortan y trasportan la hoja; las pequeñas que elaboran la hoja y la transforman en hongos de los que viven.
La división del trabajo permite especializaciones muy grandes y con ello mayor rendimiento.
La vida en grupo facilita también la formación de tradiciones.  Se ha observado en primates que la invención o descubrimiento de un individuo es imitado y conservado durante generaciones. Esto crea costumbres grupales específicas.
Con frecuencia los miembros de un grupo se ayudan sin obtener ventaja incluso hasta sacrificar su propia vida por el otro.
Esto plantea la cuestión del comportamiento altruista y si éste forma parte de la evolución. La respuesta es afirmativa. En los animales sociales el grupo es más importante que el individuo. Un grupo “altruista” transmite mejor su patrimonio genético que aquel que no lo es. Si un individuo adoptara comportamientos contra el grupo, este puede debilitarse, pero el individuo queda aislado y perecerá sin descendencia. 
Las agrupaciones pueden ser abiertas o cerradas. La primera, permite que otros individuos ajenos al grupo entren y lo compartan. En la segunda los extraños no son aceptados. Esto indica que los individuos se conocen entre sí. En muchos peces, aves y mamíferos que viven en parejas, los hijos reciben cuidados de ambos progenitores. Los hijos al emanciparse pueden abandonar el grupo.  Los descendientes van formando agrupaciones familiares que se convierten en tribus en las que se unen varias generaciones donde los individuos pueden reconocerse por una señal. Las ratas se marcan con la orina.
La unión en grupo reporta varias ventajas. El altruismo es perfectamente comprensible. La ayuda mutua puede conducir a que el individuo se sacrifique por el grupo, pero también es una condición para la supervivencia individual. Entre los vertebrados el comportamiento asistencial es reciente. Sin embargo, tal comportamiento se observa ya en algunos peces. La mayoría de las aves y de los mamíferos se apoyan unos en otros y se acogen con toda una serie de tiernos comportamientos.
Con la cooperación y el altruismo, vertebrados e insectos han logrado una organización superior, adelanto de la sociedad humana.

LA AGRESIÓN VISTA POR LA ETOLOGÍA
Ya ha quedado dicho que el hombre es por naturaleza sociable. Sin embargo, también hay que reconocer una tendencia a la intolerancia, según Eibl-Eibesfeldt.  (Pero, de dónde procede esa intolerancia es lo que hay que dilucidar, digo yo. ¿Cuál es su raíz?)
Hay una agresión intraespecífica ejercida sobre individuos de la misma especie, y otra interespecífica contra individuos de otra especie. Son cosas muy distintas.  Esta última no se va a ver aquí. Se ha conseguido criar en buena convivencia gatos y ratones. Dart intentó explicar la agresividad del hombre por el modo predador de sus antecesores australopitecos. Sin embargo, el modo de vida predador no es premisa de la evolución que condujo a la agresión. La agresión debe tener una misión específica que cumplir, aparte de otras manifestaciones secundarias. Howard demostró que muchas aves demarcan su territorio y lo defienden. –Lo que es lógico- Esto es necesario tanto para su alimentación como para su descendencia. Otra ventaja del comportamiento agresivo entre rivales machos se debe a la selección del más preparado para sus descendientes.
Diferentes especies animales realizan “torneos” y luchas entre ellos. ¿No pueden ser estas luchas como un juego que sirve de entrenamiento para la defensa, o la caza? Se habla también de procesos fisiológicos de acumulación de la excitación. ¿No forman estos procesos la lógica de la vida en base a la tensión y la distensión, la carga y la descarga, el descanso y la actividad? ¿No puede ser el juego como lucha esa descarga de tensión a la vez que entrenamiento? Por otra parte, hay comportamientos que en una época de la evolución fueron necesarios, pero después pierden ese carácter quedando convertidos en rituales.
La agresión en el hombre.
Las opiniones están muy divididas respecto a la naturaleza de la agresión humana. Helmuth niega que la agresión sea un fenómeno universal. Entre los esquimales, indios zuni y bosquimanos no se dan agresiones colectivas, sin embargo, si se dan de una forma particular. Entre los arapesh, según cuenta Margaret Mead, la agresión entre los niños está controlada y desviada por los mayores. Hay diferencias culturales en la agresión. Parece ser que en casi todos los pueblos primitivos, -a excepción de los trobiandenses, descritos por Malinowski existen actitudes, comportamientos y rituales agresivos que pueden ser considerados culturales.
Lo que parecen mostrar estos datos es que en todas las culturas humanas conocidas se ejerce la frustración de algunas necesidades o impulsos naturales mediante normas, leyes o castigos.
Basándose en el hecho de que la agresión se desencadena cuando se impide la satisfacción de una necesidad básica Dollard y colaboradores han comprobado esto mediante muchos experimentos. Lorenz, al contrario, sostiene que es la educación demasiado tolerante la que produce personas agresivas. ¿No puede ser que se hable de cosas distintas? La educación siempre producirá alguna frustración, se dice, no puede satisfacer todas las necesidades.
 Podría objetarse también que sería el modo en que se canalizan estas necesidades, la forma de no producir frustraciones. Un modo en que el niño vaya entendiendo y aceptando las normas de la convivencia. La satisfacción de las necesidades elementales no debe estar reñida con la confidencialidad. Los caprichos y la falta de respeto a los demás no tienen nada que ver con esas satisfacciones. La educación debe ser una guía, que muestra referencias claras para la convivencia. La educación permisiva que no da referencias claras es la que produce frustraciones, porque tampoco ofrece la satisfacción de las necesidades básicas que son el hacerse a sí mismo en interrelación con los demás.

RAIZ BIOLOGICA DE LAS NORMAS ETICAS.  LO CONTRARIO DE LA AGRESION
Raro es el biólogo que considera a la naturaleza indiferente a los valores. Las pulsiones vinculadoras han sido la causa de la tremenda diferenciación de nuestro comportamiento social. El desarrollo de la civilización está basado en la cooperación y el apoyo mutuo.
Con la facultad de amar, los vertebrados superiores se alzaron por encima de la agresión y llegaron a un nivel evolutivo superior. El biólogo puede considerar la libertad individual, un valor superior.
La imploración y la facultad innata de compadecerse son adaptaciones de origen filogenético. En los animales se han visto diversas formas de manifestar la ternura. La alimentación mutua, el frotamiento del hocico, las lamidas, el espulgamiento, el cuidado corporal… producen efectos calmantes y vinculadores.
La fusión de un grupo de animales para formar una asociación no solo presupone la existencia de pautas comportamentales vinculadoras y conciliadoras sino también el impulso de emplear esos medios, y de un modo general la apetencia de sus componentes por buscar y conservar la proximidad de sus congéneres. La búsqueda de protección es uno de los principales motivos de la unión con los congéneres. Los vertebrados superiores buscan ante todo refugio en su madre. Posteriormente puede buscar protección en un animal de jerarquía superior. Entre los papiones, si no encuentran a nadie que les acoja, dos pequeños o adultos huyen juntos y se abrazan entre sí. Si es uno solo se abraza a sí mismo. El efecto tranquilizante de la madre se puede conseguir con simulacros.
El semejante ofrece protección, esta es una de las raíces de la tendencia a buscar el contacto corporal. Ante una motivación de temor los miembros del grupo se vinculan más.
El apego del niño hacia la madre debió originarse así. Es de origen instintivo y se desmarca de la alimentación. El apego de la madre hacia al niño se genera por un instinto de cuidado maternal, desencadenado hormonalmente. Los pequeños emiten señales que provocan en la madre la actitud solícita. Entre los mamíferos estas señales son distintas: olfativas, acústicas, ópticas, gestuales. La vinculación de la madre al hijo está a veces tan marcada que las crías son reconocidas individualmente.
La pulsión sexual produce una fuerte motivación para la búsqueda de contacto. Cosa sorprendente, este tipo de vinculación es más excepcional de lo que cabría esperar. Una vinculación duradera por este motivo solo es cierta en el hombre y en algunos simios. Es de formación secundaria y apareció para fortalecer la consolidación del vínculo.
Entre las raíces de la sociabilidad están el instinto de huida, -para unirse a un congénere pues junto a él se halla la seguridad-, y el cuidado de la prole, -porque liga a padres con hijos y consolida el vínculo entre adultos-.
 Solo los animales que cuidan de su prole forman agrupaciones exclusivas. Solo ellos pueden formar vínculos superadores de la agresión. Y todos lo hacen mediante comportamientos originados en la esfera del cuidado de la prole.
La “solidaridad de combate” se desarrolla en relación  con la defensa de los hijos y de la familia. El instinto sexual raramente es utilizado para vincular. Aunque sea uno de los impulsos más antiguos sorprende que no sea el que provoca la formación de relaciones individuales duraderas.
 En el ser humano el amor no radica en la sexualidad, pero se sirve de ella secundariamente para ser fortalecido.

¿QUÉ ES LO QUE LIGA A LAS PERSONAS?
El beso en los labios y con la lengua son actividades alimentarias derivadas. La alimentación boca a boca se usa en muchas culturas.  La estrecha relación entre el beso y la alimentación se ve claramente en la usanza húngara.  Se dan movimientos de entrega –beso lingual- y de toma –succión-
El beso está muy difundido en sus diversas formas. Regalos comestibles-función vinculadora. El comer en compañía. El beso y el regalo son las formas más ritualizadas de la alimentación. Todo el complejo de actividades de cuidado corporal sirve en el hombre de forma no ritualizada para conservar las relaciones amistosas. Este comportamiento también sirve de preludio amoroso. El abrazo: gesto de consolación y de tranquilización. Actitud protectora ritualizada de la madre.
Evolución filogenética que transformó el pecho femenino en ritual. Bowlby: tomar los pezones en la boca y mamar son dos funciones distintas, una de alimentación y otra de vinculación. Muchas pautas de comportamiento que consideramos típicamente sexuales como besar y acariciar son por su origen actividades de cuidado de la prole. Los cuidados también hallan expresión verbal. La conversación es una forma de vinculación, de saber que están contigo - de estar con el otro.

El vínculo sexual  
            Freud hacía proceder de las relaciones sexuales todas las relaciones sociales del hombre. De lo dicho en este libro podría deducirse que esta afirmación no es acertada. Es cierto que en los humanos el comportamiento sexual desempeña un papel extraordinario como vínculo, pero no exclusivo y menos aún del que deriven todas las formas de relación social.

SOLIDARIDAD EN EL COMBATE
            El peligro siempre ha reforzado la unión entre los grupos. La defensa o la agresión en común crean un vínculo extraordinario. Los grupos se unifican con los juegos de combate ritualizados –futbol y semejantes-. Los símbolos que mantienen la cohesión suelen ser de naturaleza agresiva –animales heráldicos: león, gallo, oso, lobo, águila…, así como monumentos a la victoria, o a la liberación de naciones jóvenes, a menudo asociados a defensa de los hijos, madre, padre u otros semejantes. El simbolismo agresivo también tiene un papel importante en el comportamiento humano de salutación. Junto al saludo de amenaza, demostración de fuerza. Para vincular a un grupo por la agresión suelen utilizarse chivos expiatorios. La cohesión del grupo mediante la agresión es peligrosa a causa de los fuertes compromisos emocionales. El ideal es semejante al hijo. Es peligroso que nos aliemos con otros para agredir a nuestros semejantes.

LA VINCULACIÓN POR EL MIEDO
                 El miedo vincula de dos modos: al provocar la huida del uno hacia el otro y al desencadenar la agresión colectiva. Es la más antigua entre los vertebrados. El temor ha sido siempre una gran fuerza cohesiva utilizada y fomentada por políticos y religiosos –temor al enemigo, al caos. Porque el orden nos da orientación y seguridad. Significa orientación en el tiempo y en el espacio. Y también proporciona seguridad al poder predecir lo que los demás harán y lo que debemos hacer.
La necesidad motivada por el miedo de un conocimiento seguro conduce a formas extremas de sometimiento. En la religión desempeña un importante papel. Es una estrategia de la tiranía. Igual que el perro castigado se echa gimiendo a los pies del amo y le lame la mano que empuña el látigo, así los hombres se someten al cruel dominador y le obedecen.

MAS DETALLES SOBRE LOS RITOS VINCULADORES -- EL SALUDO
                 Una clave para comprender las variadísimas formas del saludo es su función vinculadora. Otra clave reside en el conocimiento del proceso de la ritualización filogenética y el reconocimiento de que la mayoría de los ritos vinculadores proceden del ámbito de los cuidados de la prole. En todas partes la misión del saludo es crear un vínculo. Otra función es la conciliación.

EL DESARROLLO DEL VINCULO PERSONAL Y DE LA CONFIANZA PRIMORDIAL
                 Basado en los trabajos de Spitz. - Está por probar hasta qué punto son irreversibles los daños por la carencia afectiva temprana. Pero sí está comprobado que la ausencia de posibilidades de vinculación individualizada con otra persona en la más tierna infancia causa en el comportamiento social daños resistentes a la terapia. Esto concuerda con los resultados obtenidos por Harlow con los macacos. Si se crían hembras aisladas con muñecos como simulacros maternales, esas hembras son después malas madres. Maltratan a los pequeños y se les dejan quitar sin oponer resistencia. El comportamiento social posterior es trastornado por la experiencia de la temprana edad.  
Bowlby ha observado las consecuencias de la separación entre madre e hijo en niños de 15 a 30 meses ingresados en orfanatos. La pérdida de la madre conduce a fenómenos semejantes a los registrados por Spitz. El niño separado empieza por protestar. Grita, se tira por el suelo, se revuelca en la cuna, y rechaza a las personas desconocidas que se le acercan amistosamente. La fase de protesta puede durar una semana, a la que le sigue una fase de desesperación. Las protestas activas se resuelven en monótono llanto. El niño se muestra retraído e inactivo, y no se dirige a las personas que le rodean. Da la impresión de hallarse en una situación profundamente triste. Esta etapa relativamente tranquila, suele interpretarse erróneamente como que el niño se ha calmado al haber cedido la desesperación. A esta fase sigue finalmente la del desprendimiento. El niño ya no rechaza a los cuidadores. Se vuelve a la madre y ya no la saluda como antes. Es frecuente que no le haga ningún caso. Si el niño permanece durante mucho tiempo en el orfanato sufriendo frecuentes cambios en sus cuidadores acaba conduciéndose como si para él no tuvieran ninguna importancia los cuidadores ni ningún otro contacto humano. La repetida pérdida de la figura materna hace que el niño no se vincule emocionalmente a ningún ser humano. Se vuelve egoísta y se interesa principalmente por las cosas materiales. Su sociabilidad es superficial. El niño no parece desear nada de nadie.
                 Se troquela así una actitud abierta que permite el establecimiento de contactos personales pero éstos no son profundos y se deshacen tan fácilmente como se establecen. Para que del afecto nazca la confianza son necesarias ciertas experiencias sociales que el niño tiene con su madre. Si el niño no puede tener la relación personal prevista en el programa de desarrollo con su madre, se produce el síndrome del abandono con sus correspondientes trastornos en el desarrollo. Normalmente el niño aprende en el trato con la madre que siempre hay alguien ahí, que está solícitamente cuidado, y que sus necesidades sociales están tan cubiertas como las materiales. Aprende como actitud fundamental el enfoque positivo de que uno puede fiarse de sus semejantes, confianza primordial y original.
                 Esta confianza original es el pilar básico de una personalidad sana. Esperamos de nuestros semejantes fundamentalmente, lo bueno. Esa confianza original es la premisa de todo enfoque positivo de la sociedad. De toda capacidad de identificación con una colectividad, de todo compromiso social. La capacidad de amar a nuestros semejantes presupone la capacidad de contraer amistad. –Los niños que crecen sin amor estarán de adultos llenos de odio –Spitz-.
La actitud básica de estos desdichados no es una confianza original sino una desconfianza original.


DE LA AGRUPACION INDIVIDUALIZADA A LA COLECTIVIDAD ANÓNIMA.
                 La relación madre hijo es el núcleo de cristalización de la sociedad humana. Durante su crecimiento el niño va ampliando y anudando relaciones con hermanos, parientes y amigos. El grado de confianza está determinado por el grado de conocimiento. Los desconocidos causan miedo al niño que vive en un núcleo individualizado. Si el pueblo es pequeño y aislado no se sale de ahí en lo esencial. Se conocen todos y los desconocidos son rechazados.


            

jueves, 27 de agosto de 2015

Interrelación

Joaquín Benito Vallejo

INTERRELACION

 

- - Conversación en terraza donde a raíz de la depresión –se dice que es proveniente de la alteración de la química cerebral- yo salto diciendo que es de la relación con el entorno, otro que es psicofísico, otro más…, de ahí se pasa a lo genético –todo viene determinado por los genes-  .....

NO ES EXACTAMENTE ESO, LO EXPLICO:

 

Como diría Maturana todo se construye en la interrelación con el entorno. In-te-rre-la-ción. Nos hacemos en relación con los demás. Los genes se hacen en la interrelación del ser vivo con su ambiente. No es primero una cosa y después la otra. Los genes no son entidades rígidas inmutables, se transforman, activan o inhiben en la interrelación con el entorno. 

El 1º organismo vivo que nace, lo hace ya en un medioambiente determinado. Si hay que dar prioridad a las cosas, el medio ecológico –aunque sea escaso y pobre- está antes que el ser  vivo. La tierra está antes que el ser vivo. Aunque la tierra después es modificada por los seres vivos, como dice Lovelock, -precisamente por la interrelación-, somos causa y efecto unos de otros. Una característica principal, si no esencial, del ser vivo es que su vida consiste en adaptarse a las características del entorno. Y es en esa adaptación donde se hace a sí mismo. 

El primer ser vivo -se dice- nació en el agua. Desde ese ambiente acuático ha ido poblando otros ambientes, la tierra y el aire. Poblar o “conquistar”,  significa no someter el ambiente a sus deseos sino al contrario, adaptarse a él. ¿Cómo se adapta? Generando recursos para vivir en él según sus condicionantes.

La ley de la gravedad, por ejemplo, -esa fuerza que desde el centro de la tierra tira de nosotros hacia abajo, obligándonos a estar pegados a ella es una circunstancia a la que el ser vivo ha de adaptarse. Él no cambia la ley de la gravedad,  no modifica esa fuerza que tira de él y lo arrastra en esa dirección. No la modifica. Desarrolla recursos para adaptase a ella, para poder vivir con ella, moverse con ella… y esos recursos se han ido desarrollando durante millones de millones de años hasta llegar a nosotros y conseguir que el ser humano camine a dos patas. 

Otros recursos han sido vivir en el aire –relativamente- volar, y para otras especies, vivir dentro del agua. 

La bacteria, por ejemplo, es la especie qué más recursos ha generado para adaptarse  a todo tipo de ambientes. Es capaz de vivir a 200 grados bajo cero o a 200 sobre cero en la boca de los volcanes. O para vivir en una completa oscuridad. Tiene la capacidad de transformarse en segundos en otro ser distinto. 

Todos las capacidades victoriosas desarrolladas han generado a su vez la capacidad de perpetuarse –heredarse a través de un sistema que llamamos genético, genes donde están inscritas ya las características con las que nacerán los próximos seres vivos-. Hasta el gen se genera en el ambientepodríamos decir. Así se ha ido desarrollando un árbol genealógico, en el que en su tronco estamos marcados todos los seres vivos. 


Vuelvo atrás con Maturana.  Nuestra vida, lo que es cada ser humano se genera y desarrolla en la interrelación con el entorno.  Cuando se dice, por ejemplo, que la depresión es causa de una falta de litio en el cerebro, nos olvidamos de la interrelación. ¿La falta de litio es la causa o por el contrario, es el efecto? Los neurotransmisores se activan mediante la actividad corporal en y con el entorno. Si la actividad dejara de darse los neurotransmisores se esfumarían. 

El ser se desarrolla con el entorno. ¿Qué es lo más importante de nuestro entorno? Las personas que nos rodean. Lo que nos dan, lo que nos  provocan, lo que nos estimulan…, lo que nos quitan. ¿Qué es lo que nos hace? La interrelación. Lo que hacemos en común con los demás. Si la interrelación nos falla, nuestro Yo también sufre fallos. Puede sentirse y estar quebrado, puede mostrar heridas. La depresión puede significar, la pérdida de contacto con el entorno, y por ello, el deseo de no vivir. La pérdida de relaciones, y con ello, la pérdida de sí mismo. Está pérdida causa estragos en el propio cuerpo, y en el cerebro. Le consume la energía. Le agota. Le quiebra la neurotransmisión. 

Si el Yo es fuerte, y tiene recursos, o si le ofrecen ayuda, la pérdida puede superarse. Y se puede volver a construir una interrelación satisfactoria. Es la resiliencia, la capacidad para recuperarse. 

Y volviendo de nuevo a Maturana, lo más importante de la interrelación es el afecto, el amor. En el amor se fragua el Yo. Y cuando el amor falla, se derrumba el yo. Aparece la depresión. No nos deprimimos por falta de litio, nos deprimimos por la pérdida del amor. La pérdida del amor se refleja en la pérdida de la ilusión de vivir.  

 


 


 

martes, 11 de agosto de 2015

Tacto y contacto en Eutonía


 
Tacto y contacto Corporal - Aportaciones de la Eutonía –Gerda Alexander-

 
Por medio del tacto con el ambiente experimentamos la delimitación de nuestro cuerpo, vivimos nuestra forma corporal exterior, lo que nos permite la identificación con nosotros mismos. El tacto nos proporciona informaciones esenciales sobre el mundo que nos rodea: formas, consistencia, temperatura… y sobre la comunicación no verbal como son sensaciones de ternura, dolor, indiferencia, agresión…

Destaca la importancia de la piel en nuestras relaciones con el ambiente –la tierra, el espacio que nos circunda, las plantas, los animales, los objetos y otras personas y para las funciones de regulación de los procesos bioeléctricos que se relacionan íntimamente con las funciones motrices, sensitivas y neurovegetativas.

 
Con el contacto, nos dice Gerda Alexander, traspasamos conscientemente los límites visibles de nuestro cuerpo. Incluimos en nuestra conciencia el campo magnético perceptible y medible que existe en el espacio que nos rodea. De este modo podemos tener un contacto real con los seres humanos, los animales, las plantas, los objetos…Podemos alcanzar una relación más viva con los seres  y las cosas.

Se trata de  incluir dentro de  la consciencia propia,  el entorno  que nos rodea, desde donde   se establece también el contacto con otras personas, animales, objetos, y acciones, – ensanchándose el campo de la vivencia y de la consciencia y dándose una relación más viva de los seres. 

La toma de contacto de los pies con el suelo al estar de pie, caminar, o al estar trabajando, así como de las manos con el instrumento o material con el que se trabaja, conduce a una armonización de las tensiones emocionales. El cuerpo se hace más permeable  y abierto para dar y recibir.

Tiene una influencia más fuerte que el tacto sobre los cambios del tono, la circulación sanguínea, o el metabolismo. Sobre el equilibrio entre el simpático y el parasimpático. Esto posibilita el cambio de un estado predominantemente simpático-tónico,  a otro vago-tónico,  la estimulación o la inhibición de las funciones vegetativas y el restablecimiento del equilibrio homeostático.

Se puede ejercer una regulación global o sobre una zona concreta, un segmento o un órgano.

El contacto se está empleando siempre más o menos consciente o no. El buen artesano  o el buen músico están en contacto –fusionados- con su instrumento o la materia que trabajan.  Ajuriaguerra llama  a este ensanche de conciencia, “la función delegada” que se desarrolla y fortalece mediante la práctica.

En el contacto consciente del espacio se incluye también a la otra persona o al grupo y mucho más, el espacio donde los pies se apoyan, el suelo en todas sus direcciones. Significa estar enraizado, como una toma de tierra  similar a los electrodomésticos, a través de la cual se descarga la tensión, y todo ello influye en el sistema neurovegetativo, en la calidad del movimiento, la capacidad de fuerza con el mínimo de energía.

El contacto consciente con una persona a quien se respeta  y en relación con la cual  uno mismo no se confunde es otra etapa que solo se puede alcanzar mediante el desarrollo de esta actitud. (Se trata de trabajar el estar en contacto consigo mismo a la vez que con otra persona, sin confundirse, sin fusionarse, manteniendo la individualidad, y sin embargo, propiciar un equilibrio de identidades, de fuerzas.)

Más difícil es establecer  un equilibrio con dos personas a la vez –  se trata de mantener el equilibrio propio  a la vez que abrirse  simultánea mente. Ser tres y no dos más uno, ser capaz de una apertura  simultánea en dos direcciones es signo de una personalidad en vías de alcanzar una cierta madurez. (Una vez practicado en parejas y en tríos puede practicarse hasta en un grupo.) Ello abre el camino a una expansión dinámica de cada individuo componente del grupo, a un auténtico estar juntos. Esto no debe confundirse con estar al lado de otro.

El contacto consciente con otra persona permite también aplicaciones terapéuticas. La capacidad de observar y dominar los distintos grados tónicos y el equilibrio neurovegetativo en el propio cuerpo, permite equilibrar las tensiones en otro organismo.

 Denise Digelmann:  -  Tomar contacto con un objeto es ir hacia él abiertamente,  comunicarse, estar en equilibrio con el exterior. Como raíces que penetran en el suelo conservando su permeabilidad. Aquí están presentes siempre  dos direcciones sin que predomine una de ellas. Dos vectores que simultáneamente dan y reciben –emisor – receptor  /  Idea de reciprocidadpensar haciaproyectarse – prolongarse  - 

Puede haber dificultades para dar o para recibir, o para ambas. O no se puede estar a la vez en ambas direcciones.

Es fácil observar entre un trabajo realizado con indiferencia y otro con el que se disfruta o se está involucrado. Solo existe placer si hay contacto. ¿Por qué unas personas lo hacen espontáneamente y otras no? –La razón puede buscarse en la relación madre – hijo y en su calidad de contacto. La perturbación del contacto puede ser una carencia en ir hacia el niño o un exceso, o por parte del niño,  no aceptación del contacto o un acaparamiento.  El equilibrio solo se encuentra entre la posesión y el respeto.

El contacto se utiliza al principio, a partir de los puntos de tangencia.  Es imposible establecer conscientemente un contacto con el suelo o los objetos sin que el punto de tangencia sea consciente. Por los “inventarios” el sujeto aprende a tomar contacto con los objetos que toca, a establecer un contacto entre las diferentes partes del cuerpo. Esto tiene gran importancia en el desarrollo de la unidad del cuerpo.

El contacto con los diferentes objetos determina un relajamiento como supresión de las tensiones excesivas.  Esto hace que el contacto de los pies con el suelo y del resto del cuerpo con el espacio circundante se convierta en la mejor adaptación del cuerpo al movimiento.

El contacto es también el aspecto básico para las movilizaciones realizadas a otras personas: 1- ampliación de la conciencia del cuerpo; 2- desarrollo cuantitativo y cualitativo del contacto entre los diversos segmentos o con otro ser humano; la liberación del cuerpo mediante la toma de conciencia de las zonas crispadas y a veces del origen de estas tensiones.


Berta Vishnivetz – El contacto consigo mismo no solo es básico, sino también imprescindible en la vida de toda persona. Estar en contacto consigo mismo es una experiencia no solo fundamental, sino necesaria para poder establecer  un contacto real y equilibrado con “el otro”

Antony de Mello: Solo en la proporción en que estoy sintonizado con mis propios sentimientos es que soy capaz de ser consciente de los sentimientos de los otros. Solamente en la proporción en que estoy consciente de mis reacciones en   relación con los otros, es que soy capaz de salir de mi mismo y de amarlos sin causarles daño alguno.
El contacto es comunicación. El contacto es la primera experiencia del ser humano. La influencia de este primer contacto determina la personalidad posterior de la persona y sus relaciones con los demás. (ver: Bowlby, Winnicott, Spitz, Wallon, etc.)  
Durante los primeros meses esta comunicación es simbiótica. El Contacto consciente incentiva la conexión con dos seres diferenciados e independientes, donde existe interdependencia para  accionar sin sometimiento alguno, es decir, no simbiótica.
La acción fluye del intercambio mutuo. Ambos prestan una permanente atención tanto de las informaciones que llegan del otro, como de las señales que uno mismo emite. Del trabajo entre ambos se consigue el equilibrio de fuerzas, no la supremacía de uno sobre otro. (Conmueve ver a dos personas que han llegado a este contacto profundo moverse en armonía.)   
La experiencia de contacto con los objetos transforma la relación con estos y los seres que nos rodean. La relación se torna diferente al poder adecuar la calidad del contacto y la modulación del tono. Desarrolla el respeto por los propios límites, a la vez que, aprende a ir más allá de ellos. Amplía el campo perceptivo hacia el otro, lo comprende y lo aprehende sin perder su integridad individual.
Contacto neutral: La persona está abierta, receptiva a lo que sucede dentro y fuera de sí misma. Se mantiene abierta, transparente, “objetiva”. No influye en el otro con su subjetividad. El respeto al otro está antes que cualquier otra cosa, no “estresan” o cargan al otro con su buena voluntad. Es necesario dejar espacio y tiempo al otro para su búsqueda personal, para que encuentre su propio estilo. Esto ha de ser así en toda relación, enseñanza, educación, terapia.
L. Beck. No es el deseo de ayudar –enseñar- o de curar a otro lo que lo lleva a su equilibrio, sino el tener en cuenta sus necesidades, su ritmo, su personalidad entera. Es la capacidad de acompañar al otro.
Mediante el contacto consciente aprendemos a adaptar el tono según las necesidades y circunstancias en que la acción se tiene que desarrollar.
 
1-    La eutonía – Alexander G. – Ed. Paidos Técnicas y lenguajes corporales- Barcelona 19832-   
2-   La eutonía de Gerda Alexander – Digelmann D. – Paidos – Buenos Aires 1981
3-    Eutonie st practiques corporelles por tous – Meunier-Fromentí J. – Le Courier du Libre – Paris 1989
4-    Eutonía Educación del cuerpo hacia el ser – Vishnivetz B. – Paidós – Técnicas y lenguajes corporales – Buenos  Aires 1994