martes, 6 de enero de 2015

Curso: EDUCAR-NOS PARA LA TERNURA


  • Curso:
    EDUCAR-NOS PARA LA TERNURA
    Curso  de 45 horas  -3 fines de semana-


    (Eutonía – Afecto – Tono – Contacto )


    Educación del tono, el tacto y el contacto corporal en las relaciones humanas: niños, enfermos, ancianos, etc.


    Dirigido a padres, educadores, profesionales de la salud, terapeutas corporales.Vamos a trabajar el tacto y el contacto en nuestra relación con todo tipo de personas especialmente aquellas que necesitan un cuidado o atención especial.

    • Este contacto es vital para el desarrollo del ser y su estimulación en cualquier etapa de su vida.
    • Vital en un aspecto fisiológico, psíquico y social.
    • Este contacto depende de la calidad con la que sea realizado.
    • Nuestro tono ha de ser educado, nuestro tacto también, para no transmitir nuestras propias tensiones y emociones o preocupaciones.
    • Para propiciar el desarrollo y el crecimiento de la persona de una manera equilibrada.
    • Experimentaremos el tacto y el contacto con nosotros mismos y con los demás para así educarlo.

    Contenidos


    “Habitar y estar en nuestro cuerpo” Suscitar un proceso de aprendizaje hacia la transformación de sí mismo y la relación con las personas que tratamos.
    • Educación del tono; Modulación del tono; Utilización del tono adecuado;
    • Desarrollo de la sensibilidad táctil. Afinar y despertar los corpúsculos sensitivos de la piel; Modos de tocar: para desarrollar la sensibilidad; para producir las sensaciones agradables; para adecentar la imagen corporal.
    • Mejora de la imagen corporal. Estimulación sensorial -neuronal-; Despertar, sentir y habitar zonas aletargadas; Adquirir mayor presencia del propio cuerpo; Establecer mayor conexión consigo mismo; Remarcar el mapa cerebral del cuerpo.
    • En relación con los demás: Desarrollo de papeles diversos. Activo / pasivo, dar / recibir, estimular, segurizar, entrega, confianza….

    Metodología


    Eminentemente práctica, vivencial. / Análisis de la experiencia personal. Comentarios y explicaciones teóricas posteriores a la propia vivencia. / Entrega de material teórico.

    Artículos relacionados:
    TACTO Y CONTACTO / Dar y recibir
    Virtudes -y defectos- del DAR y del RECIBIR
    http://tecnicascorporalesterceraedad.blogspot.com.es/p/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html


    EL ARTE DEL CONTACTO HUMANO
    Tocar es sentir y amar.
    http://tecnicascorporalesterceraedad.blogspot.com.es/2012/12/el-arte-del-contacto-humano.html#comment-form


    EDUCAR-NOS PARA LA TERNURA
    El tacto y el contacto en las relaciones humanas, partiendo de los conceptos de la Eutonía.
    El tacto y el contacto son los aspectos de la eutonía, más importantes, que podemos aplicar en nuestras relaciones pedagógicas – afectivas.
    http://tecnicascorporalesterceraedad.blogspot.com.es/2011/06/educar-nos-para-la-ternura.html


    EL DIÁLOGO TONICO
    Diálogo corporal madre – hijo.
    http://tecnicascorporalesterceraedad.blogspot.com.es/2013/03/dialogo-tonico-dialogo-corporal-madre.html


    Alfa Institut – Movimiento y Expresión
    Calle Mira el Sol 5-7 / metros: Embajadores – Lavapies – Tirso de Molina - Latina
    915932415 / 628687979
    movimientoyexpresion@hotmail.com
    www.movimientoyexpresion.org

                                                                  



Educación del tacto y del tono en uno mismo y en las relaciones con los demás.


(Os propongo practicar esto, en vosotras mismas, después de haberlo leído y  quedar comprendido, según lo vayáis releyendo por segunda o tercera vez. Posteriormente, os invito a practicarlo con vuestros familiares o amigos.

Se puede practicar con vuestros hijos, vuestros amantes, vuestros padres, alumnos, pacientes, enfermos, discapacitados físicos o psíquicos, etc. Con cada cual, lógicamente, encontraréis matices diferentes.

A todos ellos les beneficiará  según indico en los objetivos generales puestos más abajo. Ya nos diréis)

Educación del tacto y del tono en uno mismo y en las relaciones con los demás.
Joaquín Benito Vallejo

(Antes de practicar el contacto corporal con otras personas es necesario y conveniente practicarlo en nosotros mismos. Este ejercicio es similar a otro que hicimos en el módulo 1 de la formación)

1º PRÁCTICA: DESARROLLO DEL TACTO EN NOSOTROS MISMOS.

Objetivos generales.

-       Afinar y despertar los corpúsculos sensitivos de la piel. Para sentir más y mejor. Para captar más informaciones.

-       Estimulación sensorial neuronal a través del tacto. Crecimiento de las  conexiones y engranajes neuronales.

-       Sentir la doble función del tacto: tocar y ser tocado / Papel activo – Pasivo.

-       Centrar la atención en el acto de sentir. –No, de pensar-.

-       Modos de tocar para producir más variadas sensaciones y producir más informaciones al cerebro.

-       Captar texturas, temperaturas, formas, volúmenes, consistencias.

-       Conocer nuestro cuerpo –piel, tejidos musculares, huesos-, a través del tacto.

-       Desarrollar una disponibilidad corporal hacia sí mismo y hacia el otro.

-       Relajación y / o activación tónica, a través de su influencia en el sistema neurovegetativo involuntario.

-       Ajuste y equilibrio tónico.

-       Delimitación de nuestra corporalidad. Vivir nuestro cuerpo. Identificarnos. Distinguir el cuerpo propio.

-       Habitar nuestro cuerpo. Estar en nosotros mismos.

-       Crecimiento de la imagen corporal.

-       Desarrollar la movilidad para llegar a tocarse todas las partes del cuerpo, ser autónomos. 


Afinar el sentido del tacto.

A la hora de tocar vamos a establecer diferentes fases y objetivos.

Primera fase: (1) Concentración y sensibilización general (2) Sentir y distinguir el papel activo del pasivo. Distinguir la mano que toca, y diferenciarla de la zona del cuerpo tocada. En primer lugar poner la atención en sentir la mano que toca. Tocar con diferentes zonas de la mano para sentir la diferencia entre esas zonas: diferencias entre la yema de los dedos, la palma, el dorso, etc.; diferencias de textura, de suavidad, de blandura, de forma, de temperatura, de humedad…  (3) Sentir la zona corporal que es tocada, -la zona pasiva- fijándose en características  similares a cuando poníamos la atención en sentir antes la mano activa. Es decir, sentir cómo es la forma que tocamos, el volumen, la textura, la consistencia…,  (4) Vamos a centrar la atención después en sentir la interrelación entre lo que toca y lo que es tocado, como un juego mutuo y simultaneo. (5) Sentir la movilidad articular que se está produciendo para poder tocar con las diferentes zonas.  Al pasar de tocar con una zona a otra, estoy movilizando la articulación de la muñeca, del antebrazo, de la mano, de los dedos… Sintamos las zonas que se mueven para poder tocar, sus suaves y delicadas movilizaciones, ese juego melodioso de las articulaciones.

Segunda fase: Formas de tocar.  Según lo que queramos sentir o modificar con el tacto, -porque podemos tocar con la intención de transformar algo-, cuando tocamos a otra persona, o a nosotros mismos. Según el objetivo propuesto hay que tocar de forma diferente: Envolver: para sentir el volumen, el tamaño o la forma; deslizar: para sentir la textura; o también relajar; presionar: para sentir la consistencia, ablandar o movilizar; punzar: para llegar más al interior, hacia los huesos;  percutir: -esta acción se desarrolla fundamentalmente sobre los huesos-, para activar la zona percutida o sentir la sonoridad y la reverberación que se produce en el interior del cuerpo; movilizar: para mover los tejidos; mantener: para sentir la temperatura o aumentarla ; frotar: para activar el tono o la temperatura; Unido a estas diferentes formas de tocar se encuentra el ajuste del tono. Cada manera de tocar necesita de un grado tónico determinado, una intensidad o suavidad. Se unen aquí, por lo tanto, 3 aspectos: el tacto, el tono, el movimiento.

Ejemplo práctico.

1-    Sobre el propio cuerpo.

Las manos. 

Las manos son nuestras mejores herramientas para tocar. Las zonas más sensibles,  preparadas genéticamente para ejercer de un modo extraordinario,  la acción de tocar. Pero hay que cultivar y educar esa capacidad innata. A  ello nos disponemos.
Antes de comenzar a desarrollar la acción de tocar,  hay que preparar un poco la herramienta, sensibilizarla más, hacer que sea más cálida y concentrarnos en ello, en sentir. Comencemos por tanto....
(PRÓXIMAMENTE MÁS)

domingo, 4 de enero de 2015

DIALOGO TÓNICO – Dialogo corporal madre hijo.


DIALOGO TÓNICO – Dialogo corporal madre hijo.
Joaquín Benito Vallejo
 

 
Ya hemos proclamado que la cualidad  psicosocial del ser humano es inseparable de su condición de ser humano. No se puede ser humano sin ser social. Si el ser vivo es ambiental por naturaleza, el ser humano es también social por naturaleza.
Si todos los organismos vivos nacen y conviven con otros organismos, sin los cuales ellos no habrían tenido las posibilidades de ser ni de vivir, si en un principio, el organismo nació del ambiente y fue este el que le propició las condiciones y posibilidades de desarrollarse, generándole órganos, sentidos, capacidades y comportamientos, el ser humano depende absolutamente de los demás seres humanos. Sin ellos no habría nacido, no podría desarrollarse físicamente, ni tampoco psíquicamente, adquiriendo una personalidad propia.  

La motivación para vivir nos la dan los demás.
            La principal motivación para vivir reside en la relación con los demás. Son ellos los que nos enseñan a vivir y a ser. Aprendemos a ser, a construir nuestra identidad,  en la relación y la comunicación con los otros. Los demás son nuestro estímulo y nuestro modelo. Y es en contra de ese modelo o buscando otros modelos más satisfactorios como crece la identidad personal. Los demás nos dan sus afectos y su cuidado, cuando al nacer somos incapaces de hacerlo. Todo lo que hacemos es hecho para, por y con los demás. Para obtener su afecto o su valoración, para llamar su atención, para demostrarles que estamos vivos y presentes. Lo peor es la indiferencia. Ser indiferente para los demás es no existir, por ello es mejor existir valorándonos mal que no existir. Aquellos que se han sentido profundamente indiferentes para los demás, hacen cualquier cosa para demostrar su presencia y su existencia, desde ser dadivosos en extremo, resultar atosigantes o invasores, hasta cometer fechorías, trastadas, delitos, etc. Lo importante es ser tenido en cuenta por los demás. Muchos niños problemáticos, lo son por esta razón y pueden llegar a ser delincuentes de mayores.

Morimos por falta de afecto.
            Se puede morir por falta de afecto, como lo ha demostrado la investigación de Spitz con los niños diagnosticados por síndrome de “hospitalismo”. El mayor trauma, la mayor depresión que le puede acaecer a una persona mayor es la pérdida del afecto, también. Una pérdida de este tipo lo constituye la jubilación, que significa la pérdida de la valoración como ser productivo y válido, acompañada de la pérdida de los amigos y compañeros de trabajo, con el consiguiente aislamiento. Pero sobre todo, las pérdidas más graves a esas  edades avanzadas, lo constituye el abandono de los hijos u otros familiares, de la que cabe destacar la muerte del cónyuge. Esta última está considerada por los expertos, como el más grave desencadenante de estrés, depresión y pérdida de las ganas de vivir, que puede conducir a un proceso más o menos largo concluyendo en la propia muerte. Para vivir solo y sin afecto, mejor es morirse, deben sentir esas personas en su aislamiento y pérdida de los seres queridos.

El diálogo tónico

            La primera forma de comunicación.... Seguir leyendo...

viernes, 7 de noviembre de 2014

La agresividad




Agresividad
Joaquín Benito Vallejo


Diversos autores, entre ellos Hobbes o Lorenz, han considerado la agresividad  como una pulsión innata en el hombre, y en los animales, a la que se debe controlar. Otros por el contrario, Rousseau o Kropotkin, creen que la naturaleza  humana es buena de por sí, siendo la sociedad la que hace malos a los hombres.
Por otra parte, como señala Eibesfeldt, el carácter innato de un comportamiento o disposición no implica que estos sean inaccesibles a la influencia ambiental, ni deban tener un fin biológico determinado. 

La agresividad es  tan solo una pulsión entre otras muchas disposiciones a la sociabilidad. 
La tendencia a la cooperación y la ayuda mutua forma parte de muchas pautas de comportamiento amistoso.

¿Si la agresión fuera innata, porqué la socialización o esas otras pautas amistosas, no pueden neutralizarla?

Si la agresión se entiende como un ataque violento verbal o físico, sin causa o razón aparente, simplemente con la intención de causar daño físico o psíquico, o con la de conseguir distintos beneficios, entonces deberíamos decir que la agresión no es un instinto innato en el hombre ni en ningún animal.

La agresión desde este punto de vista, tendría sus causas en trastornos psico-sociales de la personalidad del  sujeto agresor, -de origen personal, familiar, cultural, económico, social, político…-, pero nunca sería considerada una pulsión innata o biológica.

Parece muy difícil discernir si la agresión es innata o aprendida. Creo que se confunde el medio con el fin. Lo que sí es biológico es la fuerza con que se manifiesta la agresividad. La fuerza es el medio o la herramienta con que la agresión se expresa. La fuerza es el medio, mientras que la agresividad es el objetivo. 

Esa fuerza forma parte de la energía vital. Es innato que se responda adecuadamente ante un ataque. Lo que sin duda no es innato es que se le bese la mano a quién  te pega. 

-O quizá sí dentro del contexto del taoísmo, ya que si se responde con una agresión a otra, el taoismo lo considera una consecuencia del ego, de creer que hay que sentirse superior ante el otro, cuando lo que debiera hacerse es, nada, no hacer ningún caso.-

Yo creo que lo que se llama agresividad forma parte del tono o de la energía vital del ser viviente. En esa fuerza por la vida yace tanto la defensa como la amistad. El ser vivo puede ser tierno o feroz según las circunstancias. Debe serlo.  Debe tener el coraje de luchar contra un medio físico o ambiental hostil, precisamente por su energía vital que busca la vida y lucha por ella. Lo mismo que debe defenderse desplegando toda su fuerza, contra una humillación o un impedimento o represión que busca su doblegación, aniquilamiento, esclavitud, explotación, pérdida de su identidad o de sus atributos e impulsos vitales. 

Si no luchara contra su opresor, si no luchara por defender su individualidad o su integridad, el ser vivo ya podría ser considerado muerto al haber perdido la capacidad de defenderse, defender no solo su ser físico sino su psiquismo, su autonomía y su identidad. (Y por ello no debería llamarse agresividad, sino lucha o defensa por su identidad, por su ser. Quién no se defiende de una humillación es que ha perdido su capacidad de ser) Otra cosa bien distinta es cuando ataca o agrede a otro ser, sin razón ni causa justificada, porque si, sin más ni más.

 El ser vivo despliega su energía en su entorno buscando vivir, lo que le lleva a investigar el medio ambiente, orientarse en él, conocerle… 
Hay una  fuerza innata generada por la vida y generadora de vida. 
La fuerza o la energía con la que el ser vivo se mueve en la naturaleza, en su medio ambiente, por buscarse la vida en él. Por ser él. 
Esta energía le conduce a observar e investigar el medio para apropiarse del alimento necesario para vivir. 
Esa investigación del medio le posibilita conocer y dominar ese ambiente. 
El ser vivo nace con una serie de predisposiciones para ello heredadas de sus antepasados, las cuales solo necesita ejercitar. Entre esas predisposiciones heredadas, están las señales de alerta ante lo desconocido, ante un posible peligro, ante el cual debe defenderse, o huir, o esconderse. 

La lucha por la vida no es agresividad, es el coraje, la fuerza, la vitalidad, la motivación con la que el ser vivo se desarrolla. 
Las emociones están ligadas a la vida. Todas, podríamos decir, derivan del placer y del displacer.  A la vez que se produce el placer  se genera el miedo a perder ese placer, el temor al displacer, al dolor, al sufrimiento, al peligro. 
En estas circunstancias el ser vivo, huye, se esconde, se defiende. 
La fuerza que antes se empleaba en buscar el placer,  se transforma ahora en luchar contra el posible displacer. 
El ser vivo no ataca por placer, sino para defenderlo, para no perderlo.  
Estamos hablando aquí de no atacar a un congénere.  Ataca si, a otros animales de los que se alimenta, pero incluso ese ataque se da solo para saciar su hambre, no por agresividad contra esos otros animales. 
Saciada su hambre no ataca. Y no ataca nunca a uno de su misma especie. 

Observación, búsqueda, apropiación, dominio, conocimiento, acción, van unidas, ligadas a la propia vida, propiciadas por la vida, para poder vivir. En esa apropiación del medio ambiente el ser vivo se encontrará con conflictos, trabas, obstáculos que habrá que salvar, se encontrará con otros seres vivos que, en la búsqueda también de su propia supervivencia despliega a la vez su energía y que quizá sea antagónica y haya que enfrentarse a ella. Ese ser vivo a su vez, puede ser de otra especie, pero también puede ser de la misma.
Con su misma especie se ha generado un consenso, con los de otra especie no, o quizá en cierta forma también.

Todo forma parte de la vida en su proceso. Se generan acuerdos de supervivencia. Con la misma especie es más lógico, está más ligado a la propia supervivencia. El individuo depende de su especie. Es entre toda la especie que se generan comportamientos propios. Acuerdos y relaciones propias. Aunque también siempre existe una propia e individual supervivencia. Y por ello un enfrentamiento con los demás si llega el caso. La agresividad forma parte de esa fuerza, de ese impulso vital de búsqueda de vida y de defensa si llega el caso de sentirse a su vez agredido.

Si un ser que es impedido ser por otra fuerza, no se defiende, es que ha perdido su capacidad de ser. Si un esclavo no lucha por ser libre es que ha perdido la capacidad de SER libre, o simplemente de SER.

No existe agresividad por otra parte, sin su contrario, al que podríamos denominar afecto, paz, tranquilidad. A la lucha por la supervivencia siempre le sigue la calma de lo conseguido.  La calma y la agresión son los extremos de una misma línea. Son las dos caras de la misma moneda. No existe la una sin la otra. Las dos caras forman parte de la misma energía vital. 
-Como nos dice el Tao, no existe la dualidad, lo blanco o lo negro, la luz o la oscuridad, ambas son las dos caras de lo mismo, no existe una sin la otra. Hay que integrar las dualidades-. Unas veces se manifiesta una, otras veces otra. Según corresponda. Es lógico que exista una fuerza por vivir y que exista la calma, la tranquilidad, el afecto. No es lógico que un ser vivo se someta o acepte una opresión, una explotación.

Esa energía vital se va modelando y puliendo con la vida.
En el proceso viviente de conocimiento y apropiación del medio ambiente próximo aparecen peligros. Esos peligros generan a su vez mecanismos de defensa. El mecanismo de defensa más arcaico y primordial es el miedo. El miedo es una emoción, una conmoción que afecta a todo el ser vivo íntegro. Es una transformación del organismo vivo para enfrentarse al peligro. Ante el miedo, el ser vivo ha de reaccionar para salvarse. Depende de seres, de circunstancias, de historias y procesos, la reacción puede ser de lucha o de huida, o de quedarse quieto lo cual puede ser una estrategia o una incapacidad para luchar y para huir. Luego el miedo es una reacción ante un peligro –real o imaginario- ante el que hay que defenderse, luchando o, si se percibe que no tiene posibilidad, huyendo o escondiéndose. En cualquier caso se produce una excitación. A la ausencia de peligro se produce el placer y la calma. El placer y la calma son antagónicos del miedo y de la agresión.

Otra cosa distinta pero derivada del miedo es el pánico -miedo excesivo e irracional-, no acorde con las circunstancias. Este miedo -pánico- es alimentado muchas veces por los políticos y por los medios de comunicación-manipulación, para dominar y desarmar a las masas con peligros ficticios y apartar su interés de lo que realmente les pueda importar, pero que a los políticos no les interesa que presten atención.

El ser humano puede cometer, comete, los actos más malvados de la naturaleza y de la vida. Esos actos están ligados a su agresividad.  Ahora bien, la agresividad, tiene su procedencia en diversas causas, se genera, y se cultiva de diversas formas.
Ante un hecho malvado de un ser humano, no se puede exclamar - ¡el ser humano es lo peor que hay! -  Eso es una generalización. Todos los seres humanos no han cometido esa maldad. Frente a esos seres malvados hay otros derrochando bondad. La misma persona que proclama que el ser humano es malvado, queda excluida de esa maldad ya que al denunciarlo se salva. Pero tampoco es justo que meta a todos los seres humanos en el mismo saco.
Yo creo, estoy convencido de ello, que el ser humano en general es “bueno por naturaleza”. Pero hay algo y alguien en su vida que le ha hecho malo. Con esto no quiero justificar ni perdonar al que se comporta de una manera malvada.

Considero que el ser humano viene dotado al nacer de una energía vital con la que fundamentalmente ha de hacerse a sí mismo. Se hace a sí mismo desarrollando sus capacidades en el medio entorno y en igualitaria relación con los demás. La educación ha de propiciarle ese desarrollo integral de su ser.  Si por el contrario, la educación se convierte en un adiestramiento o domesticación -lo que por otra parte es general-, donde al niño se le inhibe, reprime, castiga, culpabiliza, adoctrina, engaña, seduce, coartándole los impulsos vitales de explorar el medio y desarrollar sus capacidades, al niño se le convierte en un ser frustrado, desrealizado, alienado, castrado en su más íntimo y profundo ser. La energía que debía ser liberada en la exploración del medio, en su relación con los demás y en la realización del propio ser, queda de esa manera enquistada, reprimida, y se proyectará en actos violentos contra otros o contra sí mismo. Esa es la agresividad, y su causa general, la frustración.
 Si a esto se añade el adoctrinamiento, que suele ir muy ligado, es decir, la ideologización de la vida, la pertenencia a un clan, a una raza, a una religión, a una autoridad, esa agresividad reprimida en su realización vital es canalizada hacia los demás que no pertenezcan a su clan, raza, ideología o religión.
Así se forman los patriotas, los talibanes, los sectarios, los esclavos de las normas, religiones e ideologías, los que ensalzan a quienes les explotan, los que admiran al jefe, los que votan al gobierno que les ha llevado a la ruina.

Si la educación se entendiera y practicara, como el medio para desarrollar todas las capacidades humanas la agresividad no sería la fuente de conflictos y guerras actuales. La educación no ha de ser domesticación ni adoctrinamiento. El ser humano no es agresivo por haber sido “bien educado” utilizado este término como un eufemismo. Ser “bien educado” es tener buenos modales y comportamientos con los demás, no se trata de ser aparentemente amable, sonreír, pedir perdón, etc. Estos comportamientos están bien, pero cada uno los tiene que aprender en la vida, en la relación con los demás, no por la domesticación y  el castigo, porque entonces esos buenos modales no son más que mentiras, hipocresía pura y dura. Decir una cosa y hacer la contraria, como hace en general  el catolicismo, -y muchos políticos y hombres ricos-, predicar  el bien y practicar el mal.

La educación como desarrollo pleno de todas las capacidades humanas ha de desarrollarse en interrelación con los demás. En esa interrelación uno aprende a ser uno mismo y desarrollarse, teniendo en cuenta a los demás. Cada ser debe gestionar sus propias capacidades, pero a la vez hay otra parte que debe ser co-gestionada con los demás. Auto gestión y cogestión. Hay aspectos que pueden ser más o menos íntimos y  personales, -y pueden ser autogestionados  por uno mismo-, pero a la vez hay una parte, u otros aspectos que forman parte de la interrelación con los demás y por tanto han de ser cogestionados con los demás. En esa interrelación cogestionada uno ha de aprender a valorarse y respetarse a sí mismo tanto como a valorar y respetar a los demás. El Yo establecerá un equilibrio con los otros. La agresión mal entendida no tiene necesidad de aflorar, ni explotar. Porque cada uno razona consigo mismo y razona con los demás mediante la exposición de sus planteamientos o pareceres.

La agresión surge de la insatisfacción, de la frustración primigenia, de la coartación, de la incomprensión, del maltrato, de la indiferencia, de la impotencia. O como respuesta a la frustración por la insatisfacción de una necesidad.





jueves, 28 de agosto de 2014

límites

Es necesario poner límites en muchos ámbitos (p.18), lo que es similar a tener referencias “éticas”.
http://tecnicascorporalesterceraedad.blogspot.com.es/p/articulos.html
La sociedad actual competitiva, capitalista y consumista pretende acabar con los límites.  
Es necesario poner límites:
  • a la expansión demográfica;
  • a la carrera de armamentos;
  • al crecimiento económico;
  • al consumismo insaciable;
  • al distanciamiento progresivo entre países ricos y pobres;
  • al gigantismo de los proyectos científicos;
  • a la invasión de los medios de comunicación privados;
  • a la obligación de batir records;
  • a ir siempre más rápido, más lejos, a lo más caro;
  • poner límites a la violencia;
  • a la contaminación del aire, del agua y de la tierra;
  • al despilfarro de energía;
  • a la liberación de las leyes morales;
  • a la hipersexualización de la infancia y adolescencia;
  • a la utilización del cuerpo de la mujer como objeto de consumo;
  • a la falta de referencias;
  • ...
Muchos enfermos mentales sufren de una falta de límites: entre el Yo psíquico y el Yo corporal; entre el Yo real y el Yo ideal; entre la responsabilidad personal y la de los otros; produciéndose la indiferenciación de diversos aspectos de la personalidad y la confusión entre las experiencias.


viernes, 16 de mayo de 2014

El MOVIMIENTO es COMUNICACIÓN


El MOVIMIENTO es COMUNICACIÓN

Joaquín Benito Vallejo

El movimiento es una pulsión innata, una fuerza vital que brota desde el interior del organismo vivo dirigida al exterior medioambiental que le rodea.

Y en la medida en que esa pulsión va organizándose cumplirá múltiples funciones.

Si el organismo no puede vivir sin el medio donde ha nacido y se desarrolla, el movimiento es la principal herramienta de que él dispone para entrar en relación con el medio satisfaciendo de ese modo múltiples funciones de supervivencia como son la alimentación, la adaptación, la defensa, la sexualidad con o sin reproducción, la relación con otros, el trabajo, el disfrute.

A través de todos los sentidos, fundamentalmente el oído, la vista, el olfato y el tacto, las cualidades del medio ambiente penetran en el organismo, son conocidas y percibidas por él, casi sin pretenderlo, sin salir de sí mismo, aunque si sea necesaria una cierta predisposición para poder captar las características del ambiente mediante un estado de alerta y un grado de atención y disponibilidad.

Sin embargo, la capacidad que no espera a que el ambiente venga a nosotros, sino que va hacia él, que lo penetra, que se lo apropia, lo explora y lo modifica, es fundamentalmente el movimiento, y con la ayuda de él todos los demás sentidos se activan y se enriquecen.

El tacto y el gusto dependen directamente del movimiento, sin el que no es posible ni tocar, ni acercar los objetos y saborearlos. Incluso la visión se rige por movimientos oculares y de coordinación óculo manual, además de favorecerse de los movimientos de la cabeza y de la columna. Pero el movimiento no sólo amplía el campo visual sino también, el auditivo y el olfativo al posibilitar el acceso a otros campos espaciales y sensoriales.

Por lo tanto, el movimiento significa fundamentalmente, ir hacia fuera de uno mismo, o lo que es igual, relacionarse con el ambiente. Ambiente que no es meramente físico - químico compuesto de aire, agua, tierra, sol, etc., sino que es un mundo social formado y construido por personas. Estas personas constituyen el objetivo esencial con las que el organismo humano, a través del movimiento, pretende relacionarse y comunicarse.

El movimiento significa entonces ir, acercarse, pedir, tocar, penetrar, traspasar, trastocar, cambiar, explorar, expresar, inventar, proyectarse, además de alimentarse y amar. Pero también se utiliza para defenderse, atacar, luchar, huir, esconderse, replegarse, inhibirse, según lo requieran las situaciones, los acontecimientos o las actitudes de las demás personas del entorno.

Todas esas modalidades de movimiento son utensilios que el individuo humano utiliza para construirse un lugar propio entre las demás personas, para que se le reconozca, se le aprecie, se le estime, se le tenga en cuenta, adquiera un valor para los demás.

En la medida que se adquiere un valor para los demás se revaloriza uno a sí mismo. A medida que se consolida la pertenencia y el valor en el grupo, se fortalece la personalidad y la autonomía. No ser reconocido por el entorno social significa el aislamiento y con éste, la muerte, simbólica o real.

Así como el organismo se hace a sí mismo en su relación con el ambiente, el niño se convierte en ser humano en su relación con las personas. Toma consciencia de sí mismo en su comunicación con los demás.

No existe una evolución por parcelas aisladas, en la que se origine, en primer lugar el crecimiento del organismo físico con su control y dominio motor. No existe una segunda etapa en la que se labre el conocimiento, la estructuración y la utilización de los objetos que pueblan el entorno. No existe tampoco otra tercera fase donde se aborda la comunicación con los otros.

Todo ocurre a la vez, el crecimiento físico, el dominio del entorno, el conocimiento, la madurez personal. Luego la principal función del movimiento consiste en establecer la relación con el ambiente, esencialmente con las personas, con el objetivo de satisfacer múltiples necesidades que abarcan desde la alimentación, el trabajo, el conocimiento, el afecto, la valorización personal: necesidades físicas, sociales y psíquicas.

El movimiento es la base de todas las formas de relación, comunicación y expresión. Con el movimiento se pueden transmitir emociones, sensaciones, sentimientos y pensamientos. Su puede hacer poesía, música, danza, o escultura. Podemos recrearnos solos con él o podemos compartirlo. Podemos dialogar o hacer composiciones plásticas, podemos hacer un coro o un canon.

Comunicación viene de comunión, común. Significa realizar algo en común con otro u otros, compartir, dialogar, escuchar, dar y recibir. Salir del mundo propio, individual e individualista y entrar en el mundo de los demás. Salir del propio sentimiento y compartir los sentimientos ajenos; dejar de sentirse únicamente a sí mismo y sentir a los demás.

En los trabajos de comunicación que proponemos aquí, se extrema, afina y matiza la calidad del tono muscular. Al afinarlo nos hacemos más sensibles y delicados, más tiernos y accesibles, más disponibles para aceptar y comprender.

Se produce también una adaptación al tempo, al ritmo y al espacio de los otros. Hay que compartir un espacio común y hay que adaptarse al movimiento dentro de ese espacio con todo su entramado de direcciones y trayectorias. Se juega también con todas las posibilidades de coordinación mutuas: actuar simultáneamente, alternarse, “contramoverse”, pararse.

Tanto en la adaptación tónica, rítmica y espacial se trata de que nadie dirija ni se deje dirigir, que nadie invada a los otros ni sea invadido, que nadie se imponga a los demás.

Aunque también podría ser, que uno condujera y los otros dejen llevarse, que unos adopten un papel activo y otros pasivo, y esto lo hacemos en algunos ejercicios. Ambos papeles tampoco son fáciles. El que se deja conducir ha de mostrar un cierto grado de disponibilidad, de abandono en el otro, de pasividad deseada y educada; ha de disponer de un tono muy plástico que no ofrece resistencias, que tiene la capacidad de amoldarse. Por su parte el que dirige, también ha de saber conducir sin imponerse, sin invadir ni forzar.

También precisa un cierto grado de adaptación al tono del otro, dependiendo del cual, su propio tono y actitud, su modo de conducir, será distinto. Unas personas necesitan más vigor para conducir o para ser conducidas, mientras que otras, por el contrario, poseen una adaptabilidad más sutil. La acción de dirigir, por otra parte, precisa más energía que la de ser conducido. Necesita firmeza, decisión, seguridad. No se puede titubear, ni mostrar inseguridad. La confianza de aquel que ejerce el papel pasivo depende de ello. Si uno tiene seguridad en sí mismo transmite confianza, si es un indeciso transmite inseguridad.

Si el proceso de sentirse, conocerse y hacerse a sí mismo es rico y complejo, no significaría nada sino lo hacemos en relación con los demás, sintiéndoles, sufriéndoles, queriéndoles, comprendiéndoles, rechazándoles... Sentirse a sí mismo es la base para sentir, comprender y relacionarse con los demás, y a la inversa, sentir a los demás sirve para sentirse mejor a sí mismo. Es un proceso dialéctico en el que ambos vectores son causa y efecto a la vez, mediante los cuales seguiremos creciendo y desarrollándonos mutuamente. Ambos procesos caminan ligados y paralelos, cada uno es imposible sin el otro.

Hay una fase del proceso consistente en un aprendizaje individual, en el que cada uno, partiendo de sus propias sensaciones y de sus características personales, ha de aprender a modular su tono, establecer una coordinación armónica, explorar las posibilidades de su movimiento en las dimensiones espaciales, descubrir en el movimiento la esencia de su personalidad y expresarlo, disfrutándolo.

Hay otra fase que es ya, un proceso comunicacional en el que cada uno ha de adaptarse a las características de los demás, sin dejar de ser él mismo. En esa construcción propia y mutua, el tono, el ritmo y el espacio propios deben adaptarse a los de los otros, logrando un tono, un ritmo y un espacio comunes

domingo, 27 de abril de 2014

El arte del contacto humano



Tocar es sentir y amar.
Si toco tu piel siento tu alma latir.
Porque tocar tu piel, si la siento, es tocar tu corazón.
Tú eres todo, lo que se ve y lo que permanece en la oscuridad.
Pero si yo solo te rozo, y lo siento, lo que estaba en las sombras comienza a ver la luz.
En tus entrañas puede haber reposo o inquietud, mis dedos lo saben al tocarte.
Pero si estás en reposo, quizá quieras despertarte, o quizá, seguir soñando.

Aunque si en la inquietud yaces, mis dedos pueden llevarte a un lago tranquilo.
Porque tú eres vida, la vida se mueve, habla y escucha, se agita o se estremece, palpita.
Lo que ocurre en el fondo del océano encuentra su vibración en la tierra,
el aire que susurra a la arena agita las algas marinas.
Es la vida. Así de sencillo, así de inteligible, así de misterioso.
Mis dedos ven, oyen, huelen, saborean, y te despiertan a ti los sentidos.
Si yo te siento, tú te sientes.
Es el poder del tacto amoroso, como no puede ser otro.
Como yo quiero que sea y tú quieres que sea.
Puedo acariciar con mis ojos, soñar con mis oídos, saborear con mi piel, y tú, con mis dedos ves, hueles, oyes, saboreas.
Tú eres, porque te toco. Yo soy porque te toco.
Tu eres porque me tocas. Yo soy porque me tocas.
Todos somos porque nos tocamos.
Tocar es sentir y amar.

Somos uno con el otro.
Somos todos con uno.
Somos uno con todos.

Pero somos dos no somos uno. Tú eres tú, yo soy yo.
Aunque estemos bañados el uno en el otro.
Es la vida, perpleja, misteriosa.
Es el amor.
Es la vida.